Categoría: Confessions on a spank floor
4 Diciembre 2006

Pues si, tenéis razón quienes que me lo habeis preguntado ... ya no hay Confessions en mi blog... pero es que, toda historia que comienza tiene intrínsecamente un final. Este final no tiene por qué ser dramático o tenso, puede ser algo natural y asimilado, parte inevitable de todo lo que un día comenzó. Aunque a veces lo sea, eso no podemos preverlo y el riesgo vale la pena.
Puse mucha energía para encontrarme a mí misma y entender mis tendencias y dentro de esa onda expansiva que supuso para mí acercarme al spank, empecé este blog, que existe porque existe un spanker a quien fueron dirigidas las Confessions.
Creo que nunca he llamado mi spanker, a la persona con quien he compartido mi primera experiencia, todo lo más, "el spanker", "el que podría ser mi spanker" y ambigüedades similares para evitar el artículo posesivo que tanto me angustia en todos los términos de mi vida.
En algunos momentos si vi peligrar mi integridad "emocional", nunca la física y por eso, acostumbrada como estoy a no mirar atrás, fui rompiendo lazos intelectuales que solo existían para mí, pero estaban ahí, casi escondidos mientras yo pensaba que negándomelo a mí misma desaparecerían ellos solos.
Toda la energía empleada fue fructífera en el placer recibido de aquel encuentro... y lo fue también en el aprendizaje previo, los buenos momentos compartidos antes de conocernos, los largos correos donde íbamos abriendo nuestros corazones y las excitantes conversaciones nocturnas tras las que más de una velada terminé en la ducha, apagando calores.
Lo mejor de una "relación" spanko son los comienzos, cuando salta la chispa entre dos y se empiezan a decir mil cosas interesantes, personales y excitantes, cuando se emplea tiempo en conseguir lo que se anhela. Caminar de dos en dos es más agradable que hacerlo uno solo.
No doy con esto terminada ninguna relación con nadie, es el final tan solo de las Confessions como camino hacia un lugar concreto. El camino que tuve que emprender para estar segura de lo que quería y llevarlo a cabo.
Durante días he dudado sobre si también convendría que fuese el fin de este blog, pero estoy contenta con su resultado. Es un blog que me da más de lo que me pide... siento mucha satisfacción con la gente que he conocido aquí, con quienes me escriben y me comentan sus dudas y miedos, sus deseos, con los que me piden consejo y me escuchan, con aquellos a quien escucho.

Por eso, no puedo dar por concluida esta experiencia con la escritura y la comunicación, sino que a partir de este punto de inflexión, toma un nuevo rumbo, pero con la misma Selene de siempre. Siempre intenso, porque es así como es Selene, aunque cueste entenderme por completo. Sencillamente no hay más que confesar, pero si mucho por compartir aún. Así que os queda Selene para rato...
A la vez, hay otra circunstancia que supone un cambio en la línea principal o argumental del blog, y es que hay otro spanker en mi vida, alguien con quien estoy disfrutando el spanking en este momento, alguien que me abraza fuerte para dormir después, cuando mis nalgas aún están calientes y aún jadeamos por el esfuerzo del sexo apasionado, que besa mi frente y mis labios antes y después de comenzar el juego... que me entiende, me conoce y me da todo lo que necesito, alguien con quien explorar a fondo lo que siempre he sido pero no comprendí hasta llegar aquí y por quien debo emplear toda mi energía en él y mi relación con él. MI sponker.
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12 Noviembre 2006

TE AMODIO…
Ese absurdo no es mío… es de un famoso escritor y psicólogo que encima vende libros a mansalva, pero me venía bien cogerle prestada la expresión para hablar de esto. Para hablar de los sentimientos que no he dejado traslucir en las Confessions anteriores.
Él la utilizaba para hablar de la reacción en la que alguien está completamente enfadado con otra persona por la que siente un enorme aprecio o amor y en medio del fragor de la batalla dialéctica que se genera en plena discusión, su subconsciente le traiciona y donde quiere herir diciendo que siente odio… suelta ese amor que es el verdadero trasfondo de su relación y sus sentimientos.
Una vez le dije a mi spanker que después de una sesión podrían ocurrir varias cosas. Una era que yo estuviese completamente enfadada, aunque fuese irracional, porque era lo que yo había elegido y proyectara hacia él mi enfado. Otra opción es que tras la "idealización" que puede producirse hacia el spanker sintiera más aprecio o cariño del aconsejable, con la confusión que ese tipo de sentimientos genera... y una tercera, es que siguieramos como hasta ahora. Con la intimidad que da haber sido nalgueada por alguien, más amigos que antes si cabe... y que esa sería para mi la situación ideal.
Su reacción no se hizo esperar, me dejó un mensaje diciendome que entonces seríamos dos los que acudiriamos con "cierto miedo" a la cita. Naturalmente, poco después, cuando vi propicio el momento, le pregunté a que podría él tener miedo.
Me dijo que a los excesos de sentimientos; positivos o negativos. A una intensa manifestación de lo que ocurriese dentro de mí, intuyendo además que soy una persona completamente pasional y que corría el riesgo de verse abordado por mi expresividad.
No se si es algo común, es posible que lo sea. Que un spanker no quiera verse envuelto en una situación más o menos afectiva y por supuesto, para nada objeto del "odio" desaforado de una contrariada spankee.
Es cierto que soy pasional, pero también lo es que solo dejo salir toda esa fuerza en el momento apropiado. Todo lo que sentí lo asimilé con tranquilidad, lo relativicé y lo expresé de forma comedida, tal como pienso que debe ser.
Se sienten muchas cosas, nervios, una especie de miedo que no llega a angustiar porque lo sientes como intrínseco a la situación, dolor que se transforma en placer... es intenso... es extraño. Cada momento que vives plenamente se hace único si sabes asimilarlo como lo que es.
Ahora se que no le "amodio"... que las sensaciones experimentadas, los momentos e intimidades compartidos y la cercanía que inevitablemente ha de darse entre spanker y spankee, no ha desbordado mis sentimientos hacia ningún lado. Ahora le siento cómplice, amigo y confidente. Cercano y tangible a la vez que capaz de controlarme... o inducirme autocontrol, como nadie lo había hecho antes, sin que esto tenga el riesgo de irse de las manos.
Siento la tranquilidad de que las cosas, son más o menos como lo fueron antes, sin grandes cambios en lo que concierne a nuestra forma de relacionarnos.
Aunque es cierto que hay un cariño especial, propio de lo compartido... cuando además, pienso que incluso el tiempo no dedicado al spank, fue muy agradable para ambos. Al menos lo fue para mí.
servido por selene35
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10 Noviembre 2006

Estuve a punto de llorar en nuestra última sesión. No lo esperaba, ni siquiera sabía si iba a haber una sesión por la mañana. Estaba relajada, a pesar de que el poco rato que había conseguido dormirme, había soñado con azotes... como no. Me dio la risa al contárselo, pero había sido así.
Me gustaba que estuviésemos así, tranquilos y relajados los dos, uno junto al otro, preocupado él por comprobar el estado de mis nalgas, cuando nuevamente comenzó a nalguearme con firmeza. Más fuerte que la vez anterior.
No se por qué, en ese momento pensé que había un motivo distinto para ello, que le había molestado algo ... y eso me hizo percibirlo todo de una forma distinta. Empezaba a intervenir, aunque accidentalmente, un componente psicológico para el que yo no estaba preparada. Es cierto que solo estaba en mi mente, pero estaba.
Sentir el cepillo sobre mi pelo, como aviso, me puso en tensión absoluta, por mucho que él quiera acostumbrarme, lo odio... lo odio... lo odio... Solo su maestría como spanker hizo que no llegara a ser realmente duro ni totalmente desagradable.
Después... (algún día espero que me explique por qué la fusta se comporta como una varita mágica, en menos de lo que tardaría en chasquear los dedos aparece en sus manos) sentí de verdad qué es una fusta sobre las nalgas,larga e intensamente.
Pero todo esto, si bien fue duro, aunque siempre bajo control, no fue nada comparado con que me pidiera que me quedase hacia abajo en la cama. Es el equivalente al rincón, más comodo por supuesto, donde puedes permanecer más tiempo, pero con la misma tensión emocional. Solo su mano cálida sobre mi espalda aliviaba la sensación de estar fuera de juego.
Él sabia que no estaba bien realmente... y sabia que lo que sentía no era físico... yo había estado a punto de llorar, no por el dolor, que se diluye al poco rato, sino por la sensación de que había un motivo para aquello que yo no compartía.
Ahora se por qué las spankees no lloran normalmente, mientras que en disciplina doméstica se deshacen en llanto. El roce hace el cariño ... Supongo, que cuando una spankee ha tenido más sesiones con un mismo spanker se establece un vínculo más fuerte entre ellos y este tipo de emociones se desborda en lágrimas. Hablé de ello sin haberlo vivido y ahora se que no estaba equivocada, que el llanto sale desde muy adentro cuando la comprensión, la integración y la mutua confianza llegan a unas cotas determinadas, pero estuve cerca.
Justo antes de que llegase su consuelo… tal como siempre había imaginado...
servido por selene35
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9 Noviembre 2006

Después de la primera sesión, donde todo salió estupendamente, salir juntos fue lo mejor para tener la oportunidad de conocernos algo más. La enorme sinceridad que hemos tenido uno con el otro ha ayudado a que ninguno se hiciera una falsa imagen o tuviera unas expectativas difíciles de alcanzar. Fue agradable pasear juntos, tal como yo había dicho alguna vez que me gustaría, ser capaces de ir uno junto al otro de una forma tranquila, sin presiones, sin malentendidos entre nosotros.
Estaba de un humor estupendo y disfruté nuestro paseo tanto como lo que había ocurrido antes. De vez en cuando esas frases alusivas a si podía sentarme comodamente, si estaba más tranquila ahora... como si pudiese estar más tranquila intuyendo como iba a seguir después la historia.
Fue un golpe de efecto cuando, al pasar junto a una tienda de "El Caballo" me dijo que podríamos entrar a comprar una fusta, porque no traía ninguna... le expresé mi desilusión con absoluta sinceridad, me costó mucho, pero ya me había hecho a la idea de que la usaría. Sin embargo prefería no entrar a comprar una, me hubiera muerto de vergüenza, pensando que se me notaba en la cara para que era.
La vuelta, pasada por agua, hizo agradable estar de nuevo a solas en la habitación. Ya no estaba nerviosa, la inquietud se quedó horas atrás en ese mismo lugar, una vez desvelado el gran misterio de que y como iba a ocurrir todo, pero no podía olvidar que íbamos a seguir...
A un buen spanker no se le ve venir... son como un felino que se mueve a tu alrededor y cuando decide que es el momento oportuno pasa a la acción. Así, yo esperé en vano una palabra, una orden, algo que no vino... solo su mano cogiéndome del brazo con toda la intensidad de tu mirada fija en mí. Tan intensa que sin decirme nada en absoluto, hizo que me removiera en el sofá con una súbita inquietud. Jamás la mirada de un hombre me había causado un efecto similar.
Tampoco hacía falta decir nada, de pie ante la cama, con las manos apoyadas sobre esta, empecé a sentir de nuevo su mano firme comenzando a azotarme de nuevo... retirando mi ropa para seguir con más comodidad, pidiéndome que me desvistiera, momento en el que no pude mirarle a la cara, sino hacer lo que me pedía en silencio.

De nuevo sobre la cama, con el cojín debajo, siguió nalgueándome hasta que le escuché moverse tras de mí. No sabía lo que había hecho cuando sentí el cepillo sobre mis nalgas. La peor de mis pesadillas... lo único a lo que tengo una especial aversión. Intenté aguantar cuanto pude, pero tuve que pedirte que parase, no se para que... todas sabemos que el spanker se detiene cuando él quiere.
Eso sí, me alegré infinitamente de haberme decidido por el menos pesado de los modelos el día que lo compré después de que me preguntase si tenía uno…
Un nuevo movimiento tras de mí sembró otra vez la duda y el sonido y la visión de la fusta... con su expresión de triunfo fueron el preludio de la experiencia más fuerte que podía haber imaginado con el spank. Me aferré con fuerza a la cama, arañando las sabanas aún antes de sentirla por primera vez sobre mi piel, impresionada solo ante ella.
Siempre pensé que la spankee "llevaba la cuenta". Imposible, todo ocurre a una velocidad de vértigo y nunca pensé que yo misma podría pedir que siguiera usando la fusta con tal de no volver al cepillo.
Si en esos momentos piensas que estás llegando al límite, estás equivocada... siempre se puede ir más allá, pero es el spanker quien sabe como y hasta donde llegar.
Después... la tranquilidad. Dócil y aplacada como fiera domada al menos por un rato. Entregada, ajena y relajada, te dejas llevar hasta donde él quiera...
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8 Noviembre 2006

Me fui antes para asegurarme de que todo estaba en orden y al entrar en la habitación observé algunas cosas, con mirada spankee, como corresponde a estos casos, objetos como el sofá. Una de mis fantasías ocurría sobre uno y pensé si tal vez... una silla, un sillón, los cojines sobre la cama... para redondear la escena, deposité mi cepillo de madera sobre el escritorio. De ninguna forma podría pasar desapercibido un detalle así para un spanker.
Los nervios se acentuaban cada vez más según se aproximaba el momento de vernos. No fue un encuentro entre desconocidos... solo el encuentro físico entre dos personas que se conocen ya lo suficiente como para haber dado ese paso.
Llegamos juntos a la habitación y por supuesto, hizo un comentario sobre el cepillo... nada directo pero elegantemente alusivo. Yo le dije que era "solo" para peinarme... como si ante semejante provocación hubiera estado ahí solo para eso. Hay cosas que no se dicen entre spanker y spankee... cosas que se intuyen, se perciben.
Ambos nos movíamos por la habitación, charlábamos, mirábamos por el balcón... debió percibir que en un momento mi cuerpo temblaba levemente, mezcla de nervios, emoción ... y miedo. Era una agitación extraña, que partía desde muy dentro de mí y me proporcionaba sensaciones muy fuertes.
No sabía cuando iba a ocurrir todo, ni como. Él supo hacer las cosas para sorprenderme. Ni siquiera recuerdo ni podría describir exactamente como ocurrió. Solo sé que ocurrió y que en una fracción de segundo yo estaba sobre sus rodillas, vestida y recibiendo nalgadas mientras me recordabas que mi comportamiento en los últimos días no había sido el más correcto (no debí contarte mis salidas de tono unos días antes de nuestro encuentro, pero lo había hecho).
Las primeras nalgadas que una recibe después de años pensando en una situción así, son sencillamente increíbles, deliciosas, mezcla de tensión y placer... algo hace que todos tu cuerpo perciba las cosas con más fuerza de lo habitual, las sensaciones a flor de piel, el corazón galopando mientras el dolor realmente solo comienza a atisbarse y es más fuerte la sensación de plenitud.
En ese momento, desapareció todo el miedo, toda la tensión... entregué completamente mi cuerpo y mi voluntad a la suya, sin que me supusiera un problema hacerlo. Me sentía feliz... era lo que había deseado, soñado y fantaseado durante años y ahora estaba ocurriendo... y me estaba ocurriendo a mí.
Decidió que aquello era poco para la gravedad del asunto y comenzó a subirme la falda para seguir dándome unos azotes... el tan esperado y temido momento se producía. Pero no me sentí mal por ello, al contrario, era lo que tenía que ocurrir y todo resultaba natural y placentero.
Casi más brusco fue cuando bajó también mis bragas y siguió nalgueándome sistemáticamente, sin mostrar ningún tipo de sentimiento puesto en la acción. Tal como siempre quise que fuera. En un momento determinado, comencé a arrepentirme de mi decisión, la sensación real es mucho más fuerte que en una fantasía. Después de unas cuantas nalgadas aplicadas con ganas las nalgas empiezan a picar más de lo esperado, pero él supo perfectamente cuando era el momento de parar.
Después, tumbada sobre la cama, con el cojín bajo el vientre, sin verle, sin saber que ocurría tras de mí... escuché el sonido tantas veces leído en otras descripciones del cinturón soltándose y pensé que no podía ser verdad, que aquello no lo habíamos hablado y que... nada más, porque ya estaba sobre mí.
El cinturón es extraño, nunca había pensado en que lo sentiría así sobre mí. Lo cierto es que él no se excedió en su uso y pude disfrutar de la experiencia gracias a su conocimiento y el gran control sobre la situación. Los pocos azotes recibidos así, suficientes para saber lo que era y tomarme en serio lo que estaba ocurriendo, no fueron sin embargo una experiencia desagradable.
Tampoco habíamos hablado nunca del rincón y sin embargo... me ví allí, como las chicas de tantas y tantas fotos, sintiendo el calor en las nalgas y el rubor en la cara, aunque eso él no lo veía. Fue mucho más duro el momento de verme frente al espejo, apenas pude mirar de reojo y solo porque él me lo pidió.
El momento más placentero fue cuando por fin sentí su abrazo mientras sostenía mi falda sobre mi cintura... y le abracé...y sentí que aquello era exactamente lo que soñé durante más de mil y una noches. Y sabía que era solo el principio...
servido por selene35
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7 Noviembre 2006

Estaba en uno de esos interminables atascos mientras iba repasando mentalmente las cosas que debería preparar para que nuestro encuentro fuese lo más completo y placentero posible.
Cosas en las que empecé a pensar y a tomar conciencia de su valor fetiche según íbamos hablando y contándonos sobre nosotros mismos y nuestros gustos. Las típicas braguitas blancas de algodón, medias con liguero, ropa interior más o menos sexy y en otras por las que él me ha expresado rechazo o preferencia.
Así, llegué a la conclusión de que está todo listo para partir a su encuentro. Bueno… todo no. Desde el momento en que acordamos la fecha y entre esas frases sueltas que a veces nos decimos, me dijo que soy más cerebral que él… y tal vez sea cierto, me di cuenta de que si de verdad hubiera creído que algún día me iba a decir que era el momento y lo hubiera analizado más fríamente, no hubiese dado el paso hacia la realidad.
Es la crisis de la spankee en potencia. Ese momento en que una se hace todas las preguntas racionales que cabría hacerse en un caso así ¿Que hago yo haciendo algo así? No es propio de mí...yo soy más cerebral que todo esto... Quien me mandará a mi meterme en estos líos... en fín, lo típico, supongo. Esta es la delgada línea roja y hay que estar preparada para afrontarla.
En este tiempo he aprendido a conocer a mi spanker y quiero que sea con él con quien descubrir que es lo que siento realmente… sin embargo, me paro a pensar y a tratar de imaginar nuestro encuentro y llego al momento en que me diga que me desnude, o me ponga sobre sus piernas y baje él mismo mis bragas. Sé que no podré evitar sentirme humillada en cierta manera. Me han desnudado de muchas formas, pero no de la que él puede hacerlo, ni con esa misma intención… ese momento, es el que más me angustia cuando pienso en esto.
Estaba pensando también sobre lo que es una spankee realmente (excluyendo los casos de disciplina doméstica). Una spankee en cuanto su entrega personal es más que una mujer y menos que una sumisa. Como mujer eres tal cual eres. Como sumisa eres por y para tu amo, como él quiera que seas. Una spankee, no siempre es lo que es como mujer, sino que la mayoría de las veces, se viste, arregla y actúa según su spanker desea. Aunque no te lo imponga, es nuestro deseo de ser agradables para ellos, en ese punto creo que coincidimos todas.
Así, estos días voy seleccionando las cosas según él me has expresado que le gustarían. Despojándome de mis propios gustos y preferencias para intentar que nuestro encuentro sea lo mejor para los dos… y lo hago porque quiero. Porque deseo darle un momento especial y recibirlo con él, porque deseo que le guste estar a mi lado y a mí estar junto a él y así, buscar después nuevos encuentros.
Sin embargo, no puedo evitar tomar conciencia que por mucho que tengamos de rebeldes, por mucho que intervengamos y decidamos en cierta manera sobre lo que va a ocurrir… en el fondo, ser spankee es un acto intrínseco de sumisión. Leve, pero sumisión al fin y al cabo.
Y ahora, como él me ha dicho en un correo... "alea jacta est" (la suerte está echada).
servido por selene35
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5 Noviembre 2006

Cuando ví que tenía un correo suyo estaba segura de que era para decirme algo sobre nuestra posible cita. No pensaba abrirlo, estoy un poco atrasada con mis obligaciones y pensaba aprovechar la mañana para terminar cosas, pero solo pensar que me hubiera escrito, no terminaba de centrarme así que cuando uno está inquieto lo mejor es hacer lo oportuno para terminar con esa inquietud.
Al abrir el correo y ver que efectivamente había uno ya empezó esa sensación de corazón al galope, ese vuelco del corazón (a lo de las mariposas todavía no llego, no sé si según se acerque el momento)... he vivido mucho y muy intensamente y ya me cuesta encontrar cosas que me aceleren de esa forma, tal vez es ahí donde empieza mi búsqueda por las sensaciones fuertes.
Sensaciones que uno pueda controlar, que no me desborden, pero algo que me haga sentir interés más allá de la rutina diaria, algo que me proporcione un placer más allá del conocido. En el sexo, creo que ya lo exploré casi todo... en la vida estoy a menos de la mitad. A lo no explorado aún, ya tampoco me niego a hacerlo. Creo que es un primer síntoma de madurez, la comprensión de los hechos y las circunstancias y el saber aislarlas del resto de las cosas que componen nuestra vida.
Durante unos segundos mantuve la secreta esperanza de que me dijese que no podía ser... que es muy precipitado y así, cuando uno no puede hacer nada para cambiar las cosas las aparta de la mente y ya está... el típico otra vez será y a seguir fantaseando, que es fácil y seguro.
No tenía esa esperanza porque no quiera hacerlo, al contrario, en este tiempo, él ha hecho que cada día tenga más deseos de conocerle. Esa esperanza de que no pudiera es ese pequeño miedo a lo desconocido que aún me queda... no voy a intelectualizar nada ni a comerme el coco, pero los dos sabemos que hay un antes y un después cuando una spakee tiene una experiencia real.
Pues bien, ya está ... Ya hemos acordado esa cita que parecía imposible de realizar. Ahora, solo queda esperar que llegue el momento que se ha materializado por fin en una fecha en el calendario.
servido por selene35
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23 Octubre 2006

(A veces... otros me regalan historias y yo les pongo las palabras).
Acabábamos de regresar de cenar fuera de casa, como cada noche de domingo, él de riguroso traje oscuro, elegante y señorial, como siempre… yo con el vestido de espalda descubierta que tanto le gusta a él, sensual y sofisticada. Naturalmente, había tomado algo de vino durante la cena, pero no en exceso. Tan solo lo suficiente para hacerme algo más atrevida si cabe… y por supuesto, mucho más coqueta.
Se que a él le gusta que me miren cuando vamos juntos, pero le gusta que sea una situación en la que yo no participo directamente pues no soporta cuando soy yo quien da pié coqueteando con todos, pero es algo instintivo en mí, si me siento observada no puedo reprimir mis deseos de esbozar una sonrisa, una mirada pícara e insinuante… una palabra veladamente atrevida… A veces pienso que él no se ha dado cuenta de que juego, pero él siempre está pendiente de cada uno de mis movimientos.
Llegamos a casa en silencio y la expresión de su cara ya me hacía presagiar que algo se avecinaba… pero no estaba segura de si su seriedad era por mí o había otros motivos que la justificasen. Claro que no tardé en averiguarlo…
En cuanto entramos por la puerta, no esperó a que nos desvistiésemos, cerrar la puerta y cogerme del brazo para conducirme al salón fue casi en un único movimiento.
- Quítate el vestido.
- ¿Por qué?
- Ah! ¿me vas a decir que no lo sabes?
- Pues no… ¿tendría acaso que saberlo?
- Porque voy a castigarte.
- Castigarme… pero ¿Por qué?
- Tú sabes muy bien por qué voy a hacerlo.
- Pues esta vez no lo sé… no puedo saberlo todo… no bebí mucho, no fui maleducada, no he hecho nada…
- Si lo sabes… lo sabes muy bien ¿Por qué voy a castigarte?
- Vale… sí… lo se… bueno, creo que si… por… ¿coquetear con todo el mundo?…
- Muy bien… ¿ves como si lo sabias?
- Umhh.
- Bien… ahora quítate el vestido y túmbate sobre el sofá.
Su voz era firme y estaba claro que aquello iba en serio… a partir de ese momento no había nada que pudiese hacerle cambiar de opinión, así que lo mejor que podía hacer era obedecerle y tumbarme lo más quieta posible para no empeorar la situación. En contra de lo que yo esperaba, no escuché correr su cinturón, ni sus pasos buscando la fusta ni ningún otro objeto de los que habitualmente le gustaba utilizar. Esperar así con la cara escondida en los cojines me ponía en una tensión que no puedo entender por mucho que la experimente.
Tras unos minutos, empezó a nalguearme, primero despacio… como si realmente no quisiera castigarme y lo hiciera por obligación, pero luego fue subiendo de intensidad mientras mis piernas se agitaban arriba y abajo cada vez más inquietas. Que lo haga sobre el sofá me hace sentirme peor, al perder el contacto directo con él, la sensación es distinta… ni mejor, ni peor… solo distinta. No fue tanto como esperaba, así que estaba claro que aquello no iba a terminar así… y no me equivoqué mucho, pues un momento después me estaba enviando al baño a por un cepillo del pelo. Sabe lo mal que soporto el dichoso cepillo y aún así, siempre se las apaña para que aparezca en escena…
Esta vez si se sentó para cogerme en sus rodillas… desnuda, con las nalgas ya rojas por los azotes, cansada de la larga noche de fiesta y deseando irme a la cama… así que lo mejor, era aceptar con docilidad el castigo para que la cosa fuera lo más leve posible. Pero nada de leve… el cepillo es el gran enemigo de la mujer en una casa y hasta que no se cansó de escuchar mis quejas y luego mis sollozos no dejó el cepillo aparte… Perdí la cuenta, bueno… tampoco era necesario llevarla, en esos momentos solo se que me duele y que estaré así mientras él lo considere oportuno.
Una vez terminada la sesión de cepillo, miró como resbalaban las lágrimas por mi cara… y me hizo repetir con él todo el decálogo de buenas intenciones que naturalmente yo volvería a saltarme en nuestra siguiente salida… pero es que no lo hago a propósito, es algo que me sale así… sin querer...
Después de eso, normalmente termina el castigo y tan contentos a la cama… bueno, unos más contentos que otros… pero a la cama. Pero el domingo no fue así. Seguía mirándome fijamente a los ojos cuando me dijo que me arrodillase ante él. No podía creerme lo que me decía, aquello no entraba en lo que ambos entendíamos por disciplina y a lo que tiempo atrás yo me había sometido voluntariamente buscando el placer para ambos, pero estaba claro que lo mejor era hacerlo y esperar a ver que pasaba.
Una vez así, ante él… me dijo que parecía una pequeña sumisa y empezó a desnudarse ante mí. Me sentí presionada hacia la delgada línea roja… solo un poco, pero lo suficiente para ser consciente de ello. Desde mi posición, solo veía caer al suelo la ropa de la que él se despojaba… hasta que desnudo, se aproximó a mí que permanecía quieta tal como me había indicado.
Estaba excitado… y así, rozó mis labios con su sexo endurecido. No tuvo que decirme nada más, porque yo ya sabía lo que él quería en esos momentos… le acaricié con mis labios, mi boca… con la punta de mi lengua hasta que él decidió que debía volver al sofá y poner unos almohadones bajo mi vientre. Una vez así, me ordenó que abriera las piernas... estaba tan excitada que solo pude decirle que en esos momentos sabía que él haría ya conmigo todo lo que deseara.
En situaciones así, una no sabe lo que va a ocurrir y aquel día menos que ningún otro. Aguardé hasta que se puso tras de mí y me explicó lo que quería… quería tomarme como no lo había hecho nunca antes. Apreté fuerte mis puños, aferrándome con las manos a cualquier lugar donde pudiera transmitir mi tensión y le sentí tras de mí, acariciando mi sexo para con su humedad facilitarse el paso… y me tomó como él quería… con todo el ímpetu y la pasión de la que fue capaz…
Ante sus movimientos, también mi cuerpo se movía buscándole… inquieta al principio y más relajada después… sintiéndole en mí como nunca antes lo había sentido… cada vez más dentro… más fuerte… más… un poco más…. un poco más… hasta que…
- Ahhhh….
- Ummmmm…..
- Ahhhhhhhhhhhhhhhh……….
servido por selene35
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