La Coctelera

Azotes y erotismo

Un cóctel explosivo... azotes, erotismo, sensualidad... un blog para los que viven una sexualidad diferénte... ¿te atreves?

Categoría: Cosas de Casa

19 Octubre 2008

Cosas de Casa XIX: Reencontrándome

... Ahora necesito que lo sepas: me marché de aquí a ser, a mi vez, lo mismo que tú eres junto a mí.

Rumio esas palabras, tardo en comprenderlas, me atrevo:

- ¿Quieres decir sumisa? ¿Cómo es posible?

Adivina en mi rostro mi alboroto interior. Mi imaginación galopa: ¿Tiene un ama como ella? ¿Un amor diferente? ¿La pierdo para siempre...? Me aprieto contra sus rodillas, bajo la cabeza para que no me vea sufrir: ¡esto es peor aún que lo ya pasado! Pero alzando mi barbilla me obliga a mirarla:

-No te hagas daño con suposiciones. nada altera lo que éramos ni cambia tu noviciado. He ido a reencontrarme, para no desviarme de mí misma. Fui como quien dice, a renovar mis votos. Pero han sido unos ejercicios nada religiosos, claro. Mucho más profundos: carnales, para vitalizarme, no para espiritarme. (...)

Sabe que estoy pensando en esa sala de tratamientos, a pocos pasos de nosotros, con sus poleas y sus azotes.

- Por supuesto. Su esclava... su cautiva y castigada...

No te escandalices...

(Capítulo entre Farida y Miriam -el Amante L.- De El Amante Lesbiano. - José Luís Sampedro)

Y así, todos/as los/as switchs buscamos estar al otro lado aunque siempre haya una tendencia que salga sobre las otras... y así, Dominante/Spanker cómo me siento ahora, vuelvo a buscar la entrega desde mi lado más sumiso para abandonar mi cuerpo en otros brazos que no sean los míos... Y así... gimo, lloro, me quejo y disfruto hasta caer extenuada... como Farida reencontrándose.

La pasión es una figura poliédrica con un número de caras infinito, una figura imposible de imaginar y por supuesto de dibujar... la entrega es sólo una de sus caras y cuando siento mis manos atadas, mi cuerpo inmovilizado y mi mente en blanco bajo el antifaz negro entro de lleno en esa cara que marcó mis primeros momentos de calor bajo los azotes.

Me gusta ser así porque disfruto mis propias vivencias sin depender de nada más que mi propia voluntad voluble y caprichosa... me gusta disfrutar, sentir, vivir, entregarme o recibir entrega sin perder de vista cuales son mis sentimientos. Me gusta ser... switch.

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27 Julio 2008

Cosas de Casa (XVIII): Una Mente Libre

La curiosidad nos llevaba "picando" hace años. Desde que fuimos juntos a ver "Peindre ou faire l'amour" y de vuelta a casa tras charlar sobre lo interesante que sería empezar a conocer gente con la "mente abierta" e incorporar a nuestra sexualidad variantes que podíamos encontrar en el ambiente liberal, terminamos el regreso con un streptease en el asiento delantero del coche mientras él conducía y yo echaba hacia atrás el asiento para que una vez desnuda no pudieran verme desde las ventanillas de los escasos coches que circulaban ya a esas horas...

Después, la vida bifurcó nuestra búsqueda, a mí me interesó más el tema de los azotes eróticos porque era una fantasía que llevaba mucho más tiempo en mi mente y hasta que nuestros caminos erótico sexuales volvieron a encontrarse, esa vez mucho más firmes, no volvimos a hablar del tema.

Sí que indagué preguntándole a "J (sexodos)" (eh! que ya no soy tan monotemática j ; P ) y a "Un hombre libre" y averiguando qué locales había en mi ciudad y cercanías pero todo era preguntar por saber y postponer esa visita tan deseada hasta que ayer decidimos tomar una copa en un lugar donde la gente tuviera "Una mente libre".

Queríamos mirar, preguntar, ver qué hacen otros cuando van a estos sitios pero nada de intervenir ni mezclarnos demasiado... hasta ahí bien, sobre todo para quien no me conozca, claro... ¡yo sólo a mirar, ja!!

Nos recibieron tan cálidamente, con tanta amabilidad, nos enseñaron la casa, el jardín, la piscina y nos explicaron las "normas de las fiestas" y al rato ya estábamos desnudos en el agua sin saber de quien eran las manos que acariciaban mis nalgas o su sexo (ni ganas de saberlo) y entre "pitos y flautas" (nunca mejor dicho) nos reímos como hacía tiempo no me reía con las ocurrencias y los chistes que hacemos los andaluces de cualquier situación. Lo ocurrente que se pone la gente cuando está feliz...

Gente de otras provincias, tríos, besos bi- y besos he-, bocas, pieles, hombres y mujeres de todas las tallas y modelos, manos, nalgas... juegos que surgían como si toda la vida hubiéramos estado haciendo eso... y la sensación de placer que me invadía al ver gozar a mi pareja... Se pierde la cuenta de los orgasmos... cuanto más, de los gemidos.

Atrás quedaron mitos, preguntas que te haces cuando no conoces bien dónde te metes y sobre todo complejos... los complejos quedaron perdidos entre las toallas tiradas en el suelo cerca de la cama y se me olvidó que no me gusta(ba) nada que me vean desnuda... completamente desnuda. Y otra vez de día al salir a la calle, creo que me estoy "pervirtiendo".

La sorpresita de la noche... una "sala de sado" (como la llamaron los dueños) que espero compartir con alguno/a de vosotros cuando vengáis por aquí porque a pesar de que de vez en cuando el inconfundible "plas, plas" de un chico muy fogoso sobre las nalgas de sus eventuales compañeras nos hacía mirarnos y dedicarnos una sonrisa cómplice... me quedé con ganas de dedicar más tiempo a los azotes...

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12 Junio 2008

Cosas de Casa (XVI): Necesito una (jam) Session...

Me gustan los azotes furtivos cuando entro y te miro de reojo mientas me muerdo el labio y esbozo una de esas sonrisas que tú sueles comparar a la de la Gioconda... pero yo no soy misteriosa... bueno, un poco sí, pero poco a poco vas resolviendo mis misterios.

Me gustan los azotes eróticos sobre la cama marital, donde la pasión se desboca, donde tu piel y la mía se adhieren en mil puntos diferentes y se buscan, se exploran, comparten sabores y texturas de sexo sin fronteras.

Me gusta cuando voy a correrme entre gemidos y me llevas al cielo acelerando la fuerza y la cadencia de los azotes y me pierdo en esa "petite mort" de la que vuelvo en mí más mojada y sin haber agotado las ganas. Me gustan los azotes, me gustas tú...

Pero ahora, completamente relajada tras duros días en los que apenas hemos tenido tiempo de mirarnos y mucho menos de tocarnos lentamente porque hasta el sexo se volvió urgente y aliviador más que entregado... ahora, necesito una de esas sesiones que tenemos cuando de pronto la casa se ha quedado vacía, cuando el deseo se comunica en nuestras miradas y me haces ponerme en el sofá desnuda, con las piernas abiertas esperando que tú me azotes.

Ahora, necesito improvisar un momento inolvidable que para que tú no olvides, yo lo dejaré escrito y así, después de mañana y tras muchas mañanas, volveremos aquí a rememorar esas sesiones de placer compartido.

Ya no dudas ni entras tímido sin atreverte apenas a tocarme para no hacerme daño, ahora vas conociendo mis límites. Incluso los que yo no conozco porque cuando estoy excitada siempre quiero más... y más...

Sólo me queda buscar el momento adecuado y sin dejarlo todo a la improvisación, dejar estratégicamente colocados nuestros juguetes, ponerme la faldita roja y la sonrisa de la Monna Lisa sabiendo que en cuanto tú lo veas me dejarás desnuda y expuesta esperando que de comienzo nuestra jam session y jugaremos hasta que exhausta, caiga a tu lado y me duerma. Pero hoy... hoy la necesito.

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30 Marzo 2008

Cosas de casa (XV): Superando barreras

La barrera más dificil de superar para mí es la de hablar y contar todo lo que siento. Es posible que mis largos silencios den lugar a mal entendidos y soy consciente de eso pero soy así... mis "compartimentos estancos" como los llama él no son tan estancos porque el ánimo resulta afectado por las preocupaciones y al final se mezclan dentro de mí cuestiones muy distantes entre sí como trabajo y placer y cuando me preocupa mucho mi trabajo mi placer parece que pasa a un segundo plano. No es que no lo necesite es que tengo muchas cosas (que nó pájaros) en la cabeza...

Y así, entre silencios y falta de interés por mi parte y la barrera lingüística que no termino de controlar por completo por lo que él acaba diciendo "No me lo cuentes, haz un post..." porque apenas me cuesta trabajo teclear y sin embargo a veces, y sólo a veces, se me quedan las cosas sin decir porque no sé cómo ni cuando decirlas.

Entre toda esa diatriba, llevábamos unos días "tensos". Yo con ganas de llorar y él ... enfadado, frustrado, o una mezcla de ambas en distintas proporciones y el resultado... la distancia.

Eso sí, en algún momento hay que romper y superar barreras y ayer lo hablamos, terminamos de rediseñar y reajustar nuestra relación spanko, sus términos y condicionantes y con las cosas más claras una noche de marcha y una sesión de mañana hay cosas que quedan mucho mejor asentadas.

Puestos a superar, dentro de mi quedaban cosas pendientes, una de ellas "pedir" dentro de una sesión algo que me gustaría en vez de esperar a que él se imagine que yo podría desearlo y hoy lo he hecho con el cepillo. Deseaba e incluso necesitaba ser azotada con el cepillo y como sé que a él no le gusta mucho (a mí tampoco pero me da mucho morbo utilizarlo) se lo he pedido y he tenido tiempo de arrepentirme de pedirlo, claro...

Hay que reconocer que la experiencia es un grado y que meses azotándome cuando ambos así lo queremos dan cierto bagaje así que al final ha resultado una sesión muy placentera, con su calentamiento con la mano para que después los azotes no fueran tan bruscos, una larga y buena dosis de cepillo con más de cien azotes dados con él y para finalizar el cinturón, que no puede faltar en una sesión "casera" y que ha tenido la "anécdota" de que cuando ya llevaba ciento ochenta y cinco azotes (es curioso, pero ellos cuando azotan no son conscientes ni de lejos cuantos llevan) me ha dicho "Empieza a contar" a lo que yo he contestado "¿Que empiece?" y claro... se refería a que los siguientes los contara en voz alta que eso sí, parece que así impresionan más y a los cincuenta ha parado.

Tengo que decir sobre esto que a pesar de que el cepillo siempre me ha dado esa mezcla de "sí-pero-no" tan curiosa, hoy, entre sus manos, ha sido una experiencia maravillosa, una barrera superada y una incorporación por mi parte del "tan temido cepillo" entre mis objetos preferidos. Una vez más... la confianza y el cariño han hecho el resto...

(La última parte de la experiencia mejor no la cuento, por si entran menores al blog ; PP..."

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4 Marzo 2008

Cosas de Casa (XIV): Del dicho al hecho...

Espero no ser azotada nunca tal como me veo a mí misma en mis fantasías más extremas, esas que sólo aparecen después de unos días sin sexo, cuando la excitación se hace demasiado insoportable y la mente empieza a buscar entre las escenas registradas para los momentos "de apuro"...

Y me viene a la mente una frase de Almudena Grandes en Las edades de Lulú cuando la protagonista está en una especie de sesión multitudinaria de BDSM y dice "Alguien me lo había contado, hacía muchos años, y me había parecido un chiste muy malo, sólo duelen los treinta primeros... " No sé si esta escritora que rebosa tanto morbo en su libro e incluso en su forma de concebir la vida ha probado alguna vez los azotes pero es así.

Sencillamente estaba boca abajo, sobre la cama deshecha con él sentado acomodándose para poder mantener la postura en la que podía ser una buena sesión de azotes y me dio por acordarme de ese fragmento del libro sencillamente porque es así... los treinta primeros te hacen replantearte si eres realmente spankee... Siempre me ocurre así. No puedo evitar poner la mano en medio al principio de cada azotaina, no puedo controlar lo que siento y se juntan en mi mente demasiados estímulos. Duelen...

Sin embargo, un momento después el calor, las caricias, la humedad... y ya no percibes el dolor sino el placer y aunque el ritmo y la fuerza aumentan hace que me sienta cada vez mejor. Noto lo calientes que están mis nalgas y quisiera verlas, que él me mandase con voz recia frente al espejo diciendo algo así como "Ve y mira como te estoy poniendo las nalgas por... " . La mente fantasea incluso dentro de una fantasía que se está haciendo realidad en esos momentos... y va por delante y pienso en mis chanclas y cuanto me gustaría que las cogiera y me azotara con ellas... o que me pida el cepillo de madera.

Pero ahora, cada vez controla él más las sesiones y decide qué utilizar y cuantos azotes me va a dar... y me hace contarlos y se excita con los espasmos de mi cuerpo que se contrae bajo su cinturón mientras cuento... uno, dos... tres... cuatro... y sigo contando y cada vez, misterios de la naturaleza, duele menos... y quiero más... y más...

Menos mal que al final el deseo nos hace sucumbir a los dos, porque aún no conozco mis límites reales y el placer aumenta exponencialmente y sólo tras el orgasmo con mis gritos reprimidos mordiendo las sábanas nos relajamos y tras recuperar el aliento dejamos enfriar nuestros cuerpos bajo el agua de la ducha.

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3 Diciembre 2007

Cosas de Casa (XIII): Tengo una sorpresa para ti...

Esta vez soy yo la que me adelanto con el sms:"Estoy sola en casa y tengo una sorpresa para ti"... y un par de minutos después suena el teléfono. Es él, para preguntarme si la sorpresa tiene que verla en el momento o es algo que puede esperar. Le digo que no puede esperar y su respuesta es "Me pensaré si voy o no voy a ver esa sorpresa" (a los spankers les encanta parecer duros... ; P)

Antes de enviarle en mensaje había estado tomando ideas de la red para que el rol con el que quería sorprenderle fuese lo más excitante posible y así, tras bajarme algunas fotos que me gustaron, me puse un vestido negro ceñido, delantal blanco de encaje, una felpa en el pelo tal como había visto en una de las fotos y naturalmente... las medias de rejilla que no pueden faltar en una "mucama" o "doméstica".

Para rematar, un collar negro como el que se ve en la foto... Una vez vestida me di cuenta de que me había dejado el plumero en otro sitio y no podía ir vestida así. Tampoco hubiese dado tiempo porque la puerta sonó un par de minutos después.Él entró algo apresurado y al ver cómo me miraba me di cuenta en seguida de que la sesión estaba asegurada.

Tratando ambos de aguantar la risa y darle cierta seriedad a la escena empezó a mirar alrededor buscando cosas sin hacer por las que regañarme y según iba viendolas me iba diciendo lo mal que estaba que una empleada no cumpliera con sus obligaciones justo antes de sentarse sobre el sofá e indicarme que me tumbase sobre sus rodillas.

Naturalmente, una empleada decente no se tumba a la primera en las rodillas así que me negué provocando con eso que me obligara cogiéndome fuertemente del brazo y empujándome sobre sus rodillas donde empecé a recibir azotes de inmediato mientras seguía regañando y regañando.

A pesar de que siempre he dicho que no me gustan los roles y que para disfrutar de unos azotes eróticos basta con querer hacerlo... le estoy cogiendo el gustillo a estos juegos y sobre todo, soy consciente de que mantener viva una llama que arde con fuerza no es tan fácil y a veces, cambiar de situación, de rol, de lugar de juegos incluso, facilita mucho las cosas.

Llevaba ya una buena tanda recibida, dos o tres nada más sobre la falda que se encargó de subir bastante rápido, otros cuantos sobre la ropa interior y seguía sobre las nalgas con bastante intensidad mientras yo empezaba a retorcerme y a protestar cuando ... ding-dong... el timbre (mi madre)... no sé si debería o no decir aquello de "salvada por la campana" porque realmente yo no quería que me salvaran pero esto es la vida real, no es como en mis relatos donde hago y deshago como quiero.

Aquí, las cosas no son siempre perfectas y a veces pasan estas cosas, o suena el teléfono y es algo importante que tengo que atender desnuda mientras él me cubre con un albornoz, o tenemos que guardar los juguetes a toda prisa por algún imprevisto... pero es la vida misma.

Aunque eso sí, el rato que pudimos jugar, fue ¡¡ increíble !!

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30 Noviembre 2007

Cosas de Casa (XII): sms. Spanking +

sms: A las
13,30 h. utiliza

analmente las bolas chinas.

Y naturalmente, además de ponerme como la Honda de Dani Pedrosa empiezo a disfrutar de todo lo que imagino está por venir después y media hora antes de hacerlo me doy cuenta de que la humedad de mi sexo es mucho mayor que la habitual teniendo en cuenta que no me ha tocado, no me ha azotado... ni siquiera me ha dicho que fuera a hacerlo, pero creo que a todos los aficionados al spanking nos gusta aderezar las sesiones con algún extra y esta vez... tocaban "juegos anales".

Llegado el momento pongo las bolitas en su lugar. Aclaro aquí que el sms no llegó en tiempo y forma sino que ha llegado esta mañana, 20 h. después de ser enviado (misterios de la tecnología) y que ya que spanker prevenido vale por dos, él me llamó por teléfono para asegurarse que lo había recibido y ante la respuesta negativa de mi parte, pasó a la opción B, o sea, leérmelo...

Con las bolitas puestas y tras enviar sms para que supiera que estaban en su sitio, seguí haciendo como pude mis cosas mucho menos centrada por no decir absolutamente descentrada, excitadísima y mirando el reloj a cada momento para calcular en qué momento podría llegar él cuando volvió a sonar el teléfono para decirme que me quedara sólo con una camiseta puesta... todo lo demás, fuera... y ahí la excitación era ya demasiado intensa como para ser capaz de esperar impasible su llegada.

Empecé a pensar en "aliviar" un poco el calor y la humedad con sistemas alternativos manuales justo en el momento en que escuché la puerta y le vi entrar. Algunas veces jugamos roles determinados e intentamos ajustarnos a un patrón que coincida con ellos pero ayer no había roles, no había "juego", así que me ordenó que me colocase sobre el taburete alto que se ha convertido en compañero inseparable de nuestros encuentros y así, con las nalgas altas y expuestas se cercioró de que las bolitas estaban como él había pedido.

Una vez así, los azotes empezaron casi como algo anecdótico (que no suaves) mientras yo permanecía con los codos apoyados en la superficie hasta que le "recordé" que teníamos la cane sin estrenar. Miré de reojo y le vi sonreir, le dije donde la había puesto y le observé mientras iba a por ella pensando que iba a utilizarla de inmediato. Pero no, el juego no había hecho más que empezar y faltaba por probar una dosis generosa de cinturón con la que disfruté más que ninguna otra vez (ha cambiado el cinturón de castigo) y finalmente la tan temida a la vez que esperada cane con la que antes de empezar a recibir los azotes no era capaz de controlar un leve temblor en mi cuerpo... y el juego se combinó, se alargó, nos dio pie a probar posturas, ritmos, intensidades... y fue sencillamente maravilloso, una de las mejores sesiones que hemos tenido hasta ahora y que dada la circunstancia de que las bolitas habían facilitado el camino, terminó de forma increíblemente placentera.

De entre las cosas que he aprendido: A pedirle que haga cosas determinadas, sin esperar a que a él se le ocurran, porque podría pasar que por no decírselo no las llegue a probar nunca. En esta ocasión fue que me atara para finalizar de una forma determinada y así lo hizo.

Cuando se practican los azotes como parte de la sexualidad, incorporar otras cosas ayuda a mantener el nivel de deseo y excitación iniciales y cada pareja debería explorar los suyos, los que a ellos les da morbo imaginar. Nosotros sólo llevamos un par de meses compartiendo estos juegos y ya hemos probado muchas cosas. Cada vez nos ajustamos más a los deseos del otro y cada sesión es mejor que la anterior. No se me ocurre un balance más positivo. Y aún... le tengo preparada alguna sorpresa...

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19 Noviembre 2007

Cosas de Casa (XI): No lo volveré a hacer más...

Ya sé que suena como la letra de esa canción que hace mucho nos cantaba Junco (y otros muchos intérpretes) pero es que cuando una spankee está boca abajo esa es precisamente la frase que más veces pasa por su mente.

En éste caso, no volveré a dejar que pasen los días "acumulando cuestiones punibles" porque al final se juntan todas las pequeñas cosillas que se hubieran zanjado con un par de docenas de azotes y la suma alcanza cifras demasiado altas (sea ésto real o parte del propio juego) pero cuando estando con los codos apoyados sobre un taburete muy alto iba contando azotes (tenía que llegar a seiscientos) y el ritmo no bajaba, pensaba que no podía llegar al final y por supuesto la frase recurrente martilleando en la mente "No lo volveré a hacer más..."

Y voy teniendo claro que lo de contar y recibir a la vez no se me da nada bien sobre todo cuando empiezo a llorar y todo se hace más turbio, más irreal. Una regla escolar, el paddel, cinturón ... y concentro mis sensaciones en la humedad que él comprueba de vez en cuando y que no debería ocurrir, pero ocurre... me excita mucho estar en sus rodillas y que me azote... o que me obligue a no pasar con los pies de una línea determinada mientras apoyo mis manos en el taburete.

Cuento... y cuento... hasta que pierdo la cuenta y como sé que no voy a ser capaz de contarlos todos, dejo de contar, me relajo ... y disfruto mientras me hago una pregunta ¿cuando éstáis boca abajo con las nalgas calientes os arrepentís de haber llegado hasta ahí?

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