Confessions on a spank floor VIII

Ayer hablé con quien un día será mi spanker, cada día parece que nos entendemos mejor y que estamos de acuerdo en muchas cosas y sobre todo, tengo la impresión de que encajamos bastante bien. Siempre puede haber sorpresas por ambas partes, pero creo que va llegando el momento de vernos y claro… hacer realidad todo esto.
Durante nuestras conversaciones, a veces me dice cosas que me hacen pararme antes de contestar, aprieto mis puños hasta darme cuenta de que me he clavado las uñas, respiro y contesto… ¡qué difícil se me hace aceptar algunas actitudes!! Mi instinto me dice que me rebele contra ellas, que discuta, que siente mis propias bases… al fin y al cabo, me siento spankee, pero no sumisa. Pero luego pienso: entonces ¿Qué hago aquí? No tiene sentido, si no puedo transigir con esto, evidentemente no me voy a tumbar sobre sus rodillas… y es algo que deseo de verdad.
Después de leer las Confessions VII, me escribió y me dijo que le habían gustado y que ya estaba preparada para vernos. Supongo que si, que lo estoy. Al menos, lo estoy físicamente. Aunque al principio lo rechacé completamente, ahora ya he aceptado, sin que nadie intente convencerme de ello, que la fusta va a estar por allí… y que tarde o temprano va a terminar sobre mí, así que mejor ir preparándome para lo que puede ocurrir, de esa manera no me supondrá un problema si realmente él la usa conmigo (siento una tensión muy fuerte dentro de mí cuando pienso en ello, no es tan fácil aceptarlo).
Hay otras cosas de las que si no me equivoco no hemos hablado aún, como por ejemplo… un cinturón. Eso si me hace temblar con solo pensarlo. Vi una foto, publicada en el blog de Azotes y nalgadas, donde se ve un spanker que sube sus mangas mientras sostiene el cinturón y la spankee le mira volviendo la cabeza desde la pared, fue verla y sentir una sensación muy fuerte en el estómago. Me excita mucho la situación… pero solo para la foto. Claro, que podría ocurrir que… ufff, prefiero no pensarlo, es alto que me produce auténtico pánico, no lo sé por experiencia, pero debe doler muuuucho.
De canes, palas, paddles, cepillos… y demás objetos rígidos… ni hablamos. Al menos la primera vez. No quiero tener presente el primer encuentro durante semanas (cada vez que me siente).
Y emocionalmente, ¿estoy preparada? Pues no estoy muy segura. Quiero hacerlo, estoy segura de que quiero hacerlo, segura de que ha llegado el momento, segura de que será con la persona adecuada… debo confiar en él… tengo que hacerlo, porque si no es así me sentiré desprotegida y asustada y me iré en cuanto mi spanker me pierda de vista un momento. A veces me dice, “te va a doler… y te va a picar”. Vale, eso ya lo sé… y no es lo que me asusta.
Pero ¿qué pasa después? Controlo mi vida y mi cuerpo muy bien. Tengo un umbral de dolor bastante alto y eso no me preocupa. Pero no controlo mis emociones igual de bien. Puedo controlar lo que aparentemente siento. Tener ganas de deshacerme en llanto y aguantar sin derramar una lágrima. Pero por dentro… hay cosas que duelen mucho y no se ven. Marcas que no se ven desde fuera, pero están ahí dentro. No puedo controlar mis sentimientos… y eso sí me da mucho miedo.
Después podría odiarle con todas mis fuerzas, culparle de algo de lo que solo yo soy responsable… o podría enamorarme sin saber por qué… o las cosas podrían seguir como hasta ahora (lo cual sería la situación ideal y espero que sea así) al fin y al cabo, somos dos personas adultas y aunque yo no tengo experiencia, creo que seré capaz de conseguir que nada cambie ente nosotros. Pero el miedo está ahí.
De todas formas, merece la pena arriesgarse. He tenido la suerte de encontrar alguien en quien confiar. Incluso cuando me dice cosas que no entiendo en ese momento, como que hay que empezar la sesión estando fríos… luego me doy cuenta de que tiene razón, de que si alguno empezase ya excitado, aquello se nos podría ir de la manos, sobre todo a mí que aún no se qué sentiré cuando llegue el momento.
Por eso, aunque me da una rabia impresionante hacerlo, él me ha pedido una lista de razones por las que debo ser azotada y por las que voy a aceptar el castigo sin oponer resistencia (bueno… un poquito al principio si…), así que ahí va la dichosa lista:
“Me parece de lo más humillante que podías pedirme, pero para que veas que soy todo lo obediente que puede ser alguien como yo… aquí está la lista de motivos que me has pedido que escriba sobre por qué necesito unos azotes:
1.- Por brava y altanera. Siempre dejando claro a mi alrededor quien manda, a veces, con muy malos modos.
2.- Por intentar controlar todo y a todos.
3.- Por ser más exigente conmigo misma de lo que sería aconsejable, poniendo en riesgo incluso mi salud para salirme siempre con la mía.
4.- Por ser igualmente exigente con los demás, hasta el punto de haber hecho llorar a gente que trabaja conmigo por no llegar hasta donde yo pido, que no es más de lo que yo doy.
5.- Por se caprichosa, consentida y manipuladora… (Me viene de siempre).
6.- Pero sobre todo… porque necesito encontrar mis límites. Debo tenerlos, como todo el mundo, pero los perdí hace mucho y alguien debe decirme “hasta aquí”.
(Seguro que a él se le ocurren más motivos...)
Un cóctel explosivo... azotes, erotismo, sensualidad... un blog para los que viven una sexualidad diferénte... ¿te atreves?




Hylenna dijo
La foto es verdad que pone no me extraña que te haya calentado un poco verla, pero luego la realidad es distinta yo la primera vez que le vi quitarse el cincho yo estaba en el corner y solo me llego el sonido de la hebilla metalica. Casi me hago pis encima del miedo que me dio, no podia soportar escucharlo y estar quieta y el primer cinchazo fue lo mas espantoso de mi vida, creo que me maree y todo. Ahora lo usamos conmigo tumbada y ya me fui acostumbrado pero cuando se echa mano al cincho todavia me tiemblan las piernas a eso no me acostumbro, aunque luego me gusta la sensacion cuando lo usa eso no voy a negarlo.
23 Septiembre 2006 | 07:19 PM