Lagrimas de (cocodrilo) spankee.

Este es otro de los artículos que publicaron en el blog de "Azotes y nalgadas" y que recupero aquí para tener recopilados mis escritos dentro de este blog:
En más de un año compartiendo artículos, fotos y vivencias en este blog, quienes lo siguen desde sus comienzos han hablado de casi todos los temas. Incluyendo este que me ocupa ahora. Sin embargo, los puntos de vista pueden ser distintos según la persona, por eso, intento lanzarme a esta nueva aventura de escribir sobre temas que nunca había llevado al papel, esperando no aburrir mucho por volver a tratar temas que ya han sido comentados.
Me decía un spanker que una de sus mayores fantasías era que la spankee llorase en una sesión, aunque fuera como pedir la luna.
Por lo leído por aquí y por otras páginas y blog que cada día de forma más abundante proliferan por la red, las spankees no lloran así como así. Y no es por contrariar y no darle gusto a su spanker, es que llorar por llorar no es fácil y fingir una pataleta lacrimosa tampoco lo es. Que más quisieran algunas, por ver feliz a su spanker ser capaces de llorar desconsoladamente (así también podrían esperar ser consoladas de la forma más efectiva).
Está claro que el uso de implementos más o menos contundentes y/o efectivos ayuda mucho a empezar a soltar lagrimitas. Por ejemplo, el uso de la cane va asociado en muchas imágenes al llanto de la spankee. Tengo yo la impresión de que ante semejante forma de ser disciplinado también acabaría llorando, aunque hoy por hoy no tengo mucha intención de comprobarlo.
Después está el umbral de dolor que tiene cada persona, lo que para unos es insoportable, para otros tan solo es una molestia, tratándose del mismo hecho y con la misma intensidad. Todas las personas somos distintas en cuanto al grado en que podemos soportar en general, no solo el dolor físico, sino el emocional e incluso la forma de enfocar las distintas circunstancias de la vida, lo que para unos es un mundo, para otros solo es un pequeño problema sin importancia.
Reconozco tener un umbral muy alto y sin embargo cuando la emoción me embarga lloro como una colegiala, por ejemplo ante una buena interpretación del Réquiem de Mozart. Podría usarlo como fondo en una sesión y lloraría sin duda, pero a lo mejor ni me enteraba de lo que sucede tras de mí y creo que no es el tipo de lágrima que espera un spanker.
También habría que analizar el porqué lloramos. No es el dolor físico el que hace que alguien empiece a llorar. Son el resto de condicionantes los que influyen en este proceso. He llorado teniendo sexo sin spank porque estaba muy irritada con mi pareja y la carga emocional que soportaba se había diluido en ese momento.
En este aspecto creo que influye en sentir algo por el spanker, que no sea tan solo el brazo ejecutor de nuestra fantasía, sino alguien que nos importa de verdad y para quien somos o pretendemos ser importantes. Por poco que sea ese sentimiento, que esa persona te mire seriamente mientras te explica porqué necesitas unos cuantos azotes para corregir esa conducta, que te prepare para lo que te espera, te haga exponerte sobre la cama, o la mesa, o simplemente de pie junto a él mientras presientes que en cualquier momento te inclinará sobre sus rodillas y comenzará a darte unos azotes.
Esa tensión preliminar, no puede vivirse igual junto a alguien que lo hace mecánicamente que frente a quien nos une una relación mucho más estrecha. Las spankee que reconocen haber llorado en una sesión siempre aclaran que fue por otros motivos, claramente emocionales. Luego, los sentimientos son la parte fundamental del llanto y por tanto, solo pueden darse cuando hay una relación más allá de la propia fantasía llevada a cabo exclusivamente por placer.
Hay que tener en cuenta también la propia respuesta física y en ese aspecto los/las spankees son el más claro ejemplo del funcionamiento natural de nuestro cuerpo y sus respuestas. Ante un estímulo doloroso el cuerpo segrega serotononina que funciona a niveles neurológicos y neuromusculares y que va asociada a noradrenalina y dopamina, de forma que el celebro obliga a nuestro cuerpo a soportar “estoicamente” lo que no puede evitar, solo ante un fallo en su producción el dolor puede hacer incluso enloquecer a quien lo padece o sencillamente el cerebro desconecta al cuerpo mediante la pérdida de conciencia. Extremos que aunque me consta que han podido darse en sesiones de sado no entran dentro de prácticas más suaves, como el spank.
Al final, quien más placer obtiene de este llanto es el spanker, que sin buscar dañar a la persona a quien ha castigado, puede sentirse en cierta manera “recompensado” por las lágrimas vertidas tras su intervención. Me viene a la mente la típica frase de quien va a proceder a aplicar el castigo diciendo “esto lo hago por tu bien” que implícitamente da a entender que le importa la otra persona, tal vez alguna spankee que acabe llorando podría decir algo parecido.
Un cóctel explosivo... azotes, erotismo, sensualidad... un blog para los que viven una sexualidad diferénte... ¿te atreves?




Hylenna dijo
A mi habría que darme bien fuerte para que llore, pero no se como iba a llorar si lo que de verdad me produce es un placer enorme, me pongo humeda no más decirme mi pareja que me tumbe en sus piernas. Ayer en la noche me dio una buena zurra tumbada en el living con unos cojines debajo del vientre y terminé pidiendole que me lo hiciera con urgencia porque me desacia entera woooo!!! que gusto!
Me gustaria saber si alguien ha llorado con una zurra.
23 Septiembre 2006 | 07:12 PM