Rebeldes. Ni putas ni sumisas. Gemma Lienas.

Menos mal que a veces salen autoras salvadoras que nos redimen ante el mundo por ser como somos… (nótese la ironía de la afirmación) y nos recuerdan nuestro papel ante la sociedad.
Autoras como Gemma Lienas, que con su libro Ni putas ni sumisas, nos enseñan a las mujeres de hoy en día, a las víctimas del sistema machista como debemos ser y con que agresividad debemos enfocar nuestro ascenso social y conquistar aquellos puestos para los que estamos más capacitadas que los hombres… o al menos tanto como ellos.
Todo esto viene a la indignación que una siente al leer cosas como esta:
“Un ataque directo, argumentado, inteligente e incisivo a la sociedad patriarcal que afecta negativamente tanto a las mujeres como también, y paradójicamente, a los hombres. Un libro muy necesario tanto para lectoras como para lectores que no comulgan con las ruedas de molino de nuestras jerarquías, laicas o sagradas.”
“El título del libro que tienes en las manos toma, en parte, el nombre de una organización mixta (Ni Putes ni Soumisses) nacida en 2002 en los barrios periféricos franceses para luchar por los derechos de las mujeres -generalmente inmigrantes- que, a menudo mediante la violencia, son obligadas por los chicos de las barriadas a someterse a normas culturales que les impiden el crecimiento como personas; en definitiva, son obligadas a pertenecer a una de estas dos clases: chicas “respetables” o chicas “no respetables”. No obstante, el título del libro va más allá y advierte, que, precisamente, la rebelión es la única forma que tienen las mujeres de negarse a ser encasilladas. Muchas mujeres no son sumisas, es decir, se niegan a doblegarse al juicio de los hombres, de los varones, y se rebelan contra todas las tradiciones -vengan de donde vengan- contrarias a sus derechos y a su dignidad.” (p. 9)
El libro trata de hacer que la mujer se rebele contra el mundo que la rodea, tratando de imponerle y como toda imposición ya es un error en sí misma, la necesidad de estar por encima de todo. No lo muestra como una opción, sino como una obligación.
Entonces ¿estamos obligadas a ser rebeldes? No en el concepto de rebeldía pícara y juguetona que tiene una spankee y que utiliza para dar pie al castigo que realmente tanto desea, sino a la Rebeldía, con mayúsculas… obligación de ir contra lo establecido… si antes la mujer estaba bajo autoridad del hombre ahora tiene la obligación de estar por encima de este.
Fragmentos como estos, con los que una puede estar más o menos de acuerdo, atentan contra la libertad personal de cada mujer de ser como realmente es, de sentirse bien consigo misma y con lo el papel que ha decidido desempeñar en la sociedad:
“El sistema patriarcal es una maquinaria extraordinariamente perversa, que funciona con una perfección y un sincronismo dignos de admiración. Todas las injusticias que perjudican a las mujeres -violencia de género, distribución injusta de la riqueza, poca presencia pública, inexistente capacidad para decidir respecto a cuestiones que nos afectan exclusivamente... -son imputables al patriarcado. Las personas conservadoras defienden que este sistema es el único posible y lo hacen con la amenaza de que romperlo significaría la destrucción de la sociedad y la entronización del caos”. (p. 10)
“Lo que siempre ha hecho la familia es tener un personal -las mujeres- que trabajaba en casa-sin cobrar-y se ocupaba de la intendencia y del bienestar de los miembros de la familia. Ésa es una situación idílica para todos, menos para ellas. Ahora que muchas mujeres están incorporadas al mercado de trabajo, tenemos dos opciones. La primera, culpabilizarlas del desastre familiar y obligarlas a dejarlo todo para volver a las obligaciones “de siempre”. La segunda, revisar la sociedad en lugar de a las familias y crear unas obligaciones nuevas que sustituyan las históricas. Yo propongo la segunda opción. Y propongo reelaborar los horarios para hacer compatibles la vida laboral y la vida familiar. ¿Reuniones a partir de las 6 de la tarde? No, gracias; las criaturas están en casa. Propongo también que los hombres se involucren al 50 por ciento en la vida familiar.
No es necesario que esperen al divorcio con custodia compartida para reorganizar su tiempo. Propongo también que se revisen los contenidos escolares, a ver si conseguimos interesar a los alumnos y no aburrirlos como ostras. Propongo que, de verdad, carguemos contra los programas de televisión con imágenes violentas y escenas degradantes, ya que los modelos constituyen la forma de aprendizaje más eficaz. Y, sobre todo, propongo que revisemos nuestra tensión creciente para conseguir la máxima rentabilidad. ¿No será este nerviosismo, que inevitablemente contagiamos a la chiquillería, el origen de tanta violencia?” (pp. 74-75)
Sinceramente, me parece una falta de respeto hacia la Mujer, un intento de manejar su forma de pensar y sus circunstancias y un atentado destinado a hacer que una mujer que haya elegido libremente la opción contraria y además sea feliz con ella, se sienta culpable de ser una buena esposa, madre de familia ejemplar y ama de casa eficiente… como para además contarle a la autora que a algunas, además, les gusta recibir unos azotes de vez en cuando en el contexto de una disciplina doméstica… a ver quien se lo cuenta…
Un cóctel explosivo... azotes, erotismo, sensualidad... un blog para los que viven una sexualidad diferénte... ¿te atreves?




Aldonza dijo
No sé si he entendido bien tu último párrafo... el que habla de los azotes. Creo que la violencia doméstica no está justificada en ningún contexto, proveniendo del género del que provenga.
Lo que queda claro es que el libro no te ha gustado y es verdad que, a juzgar por los párrafos que transcribes, es bastante pobre su argumentación.
Ni rebeldes, ni putas, ni sumisas... no necesitamos justificar nuestra razón social, que cada quien sea como quiere, no?
28 Septiembre 2006 | 04:31 PM