Spankees vs. Sumisas.

Empiezo a mirar páginas en Internet tratando de averiguar que es lo que me pasa, que siento, que es lo que me preocupa y por qué me excita de esta forma tener fantasías en las que soy azotada en distintas posiciones.
Las más recurrentes y que más exaltación me han producido siempre son por supuesto el maravilloso OTK, seguido de cerca por una mesa sobre la que descansa el cuerpo mientras las manos se aferran con fuerza al extremo contrario con las piernas algo abiertas (tanto como quiera el spanker) y terminando por unos almohadones bajo el vientre sobre la cama.
Expuesta, visible, desnuda… castigada por ese hombre fuerte y seguro que lo hace por mi bien. Soportando el merecido castigo lo mejor que puedo, sintiendo primero una mano firme, luego la fusta o el cinturón… (es mi fantasía y en ella llego hasta donde quiero), pero ¿qué es esto? dios mío!!! ¿soy rara? ¿estoy enferma? No… soy spankee.
Una vez averiguado lo que soy, periodo más o menos dilatado para asimilarlo y una vez asimilado… tengo que buscar con quien compartir mi fantasía, mis deseos. Para incorporar, en definitiva mis quimeras a mi realidad sin que supongan un problema para mi ni para los demás.
Internet, seguro que en Internet lo encuentro. Y empiezo a visitar páginas y chat donde hablar del tema con otras personas que sienten y desean más o menos lo mismo que yo.
Pues bien… ahí comienza el problema. Normalmente, cuando le dices a un chico (ojo, que has encontrado dentro de este ambiente) que te gusta que te den unos azotes, te dice que estupendo… que a él también, que le encantaría ponerte unas esposas, coger el látigo y azotarte, que te arrodillaras frente a él, poner unas pinzas en tus pezones y tirar de ellos… retirarlas con la fusta cuando tu ya no pudieras más….
Y yo horrorizada, intento explicarles que no soy sumisa, ni una esclava, que respeto esas otras tendencias más extremas… pero que yo… solo soy spankee. ¿Span queeeeé??? Es la respuesta general… y yo me despido amablemente y hago como cuando te dan uno de esos rasca y gana en el supermercado y te sale aquello de “Sigue buscando”. Aunque hace ya mucho tiempo dejé de seguir buscando, o no al menos en el sitio no adecuado y que finalmente si encontré el lugar idóneo y la persona que entiende lo que siento, pero esto, me consta que le ha pasado a más de una/o.
Pues bien, a ver si queda claro de una vez: las spankees no somos sumisas, podemos ser más o menos tranquilas según nuestro propio carácter, pero con una natural tendencia a la rebeldía. Esa exquisita indisciplina, pícara y calculada que es el arma de toda buena spankee.
Las spankees no somos esclavas, no aceptamos cualquier orden de cualquier tipo ni cualquier castigo por desproporcionado que este sea. Nos gusta discutir sobre si 50 es mucho… que tampoco ha sido tanto, ¿tal vez con 25? … si “ya no lo voy a hacer más” luego recibirás los que el spanker haya decidido, pero una se resiste un poco, interviene en la escenificación de su castigo, no lo acepta sumisa y calladamente.
A las spankees no se nos encadena, todo lo más se nos inmoviliza sujetando una mano tras la espalda cuando la mano no es capaz de dejar de intentar tapar los azotes o se nos traba con una pierna cuando no estamos quietecitas durante el castigo. Si lo hemos aceptado lo hacemos por completo.
A las spankees no se nos pide sumisión 24/07 … se nos castiga ocasionalmente por las faltas cometidas o por el mero placer de dar y recibir una azotaina erótica, con o sin juego de por medio, dentro de unos roles dentro de la disciplina doméstica, castigos escolares, corrección familiar… hay gustos como colores.
A las spankees no se nos llama zorras y putas mientras se nos azota, durante esos momentos se nos regaña, con firmeza y decisión o incluso con dulzura, porque el spanker solo quiere lo mejor para nosotras.
Se nos manda al rincón (si al spanker le parece apropiado y le gusta este tipo de castigo), pero no se nos encierra en una jaula de castigo…
Ni se nos amordaza, ni se nos priva de sentidos como la vista… disfrutamos el momento plenamente junto con nuestro spanker, en un goce mutuo, consensuado, erótico, placentero… intenso…
Y al final… no esperamos esa lluvia dorada (pobre Zeus para lo que ha quedado) con la que algunos dominantes prometen concluir la sesión… sino unas caricias en las nalgas, un consuelo sincero, unos besos… unos abrazos… y lo que el momento, único y especial donde los haya, nos haga desear.
Un cóctel explosivo... azotes, erotismo, sensualidad... un blog para los que viven una sexualidad diferénte... ¿te atreves?




madrileñotk dijo
Je je je, menos mal que aclaras algunas cosas porque algunos no lo teniamos tan claro. Me gusta como lo cuentas sobre todo eso del final de la lluvia dorada y los abrazos y todo eso. Yo una vez llame zorra a una spankee y se me cabreó mucho pero no pense que fuerais tan sensibles.
28 Septiembre 2006 | 10:05 PM