Confessions on a spank floor (XV)

(Cuando solo tienes la fantasía…)
Dos rombos...
.
.
.
.
Apenas empezamos a hablar encontraste motivos suficientes para regañarme. Esta vez fue por mi carácter fuerte. Sabes que no puedo evitarlo y que seguiré siendo igual pase lo que pase. Y yo se que tu intentarás corregirlo una y otra vez… sin éxito.
Levanté otra vez la voz sin darme cuenta, como aquella vez que me cogiste sobre el sofá… y fuiste detrás de mí por toda la casa, me dijiste que irías por toda la ciudad si hiciera falta, pero que te iba a escuchar, regañándome, serio y visiblemente enfadado. Creo que nunca te había visto así.
Fue en ese momento cuando me detuve para mirarte fijamente y volver a decirte “Me da igual”… y tú me contestaste “Después ya no te va a dar igual”… mientras me cogías del brazo y me ponías sobre tus piernas.
Tuviste que sujetar mi mano, porque yo no estaba dispuesta a aceptar un castigo que no veía claro por qué pensabas que lo merecía… y me debatí con fuerza para evitarlo, utilizando todas las estratagemas que conozco, pero está claro que tu también las conoces, porque una vez empezaste a azotar mis nalgas, ni mis quejas, ni mis buenas intenciones de futuro, ni mis palabras que buscaban ablandarte… ni mis movimientos intentando soltarme, nada tuvo efecto sobre tu fuerte determinación. En cuanto bajaste mi ropa interior… quedó claro que estabas dispuesto a bajarme también los humos.
Entre toda la lucha, no podía calcular el tiempo que pasaste así, firme y decidido a hacer que yo cambiara mi espíritu rebelde y empezara a ser una chica más dócil, pero al terminar me dijiste que habían sido veinte minutos… Yo no había tomado conciencia del tiempo, al oírtelo decir me di cuenta de que había sido un castigo largo y metódico, donde yo había desperdiciado la mayoría de mis fuerzas luchando contra tu voluntad, cuando realmente era también la mía la que deseaba esa situación.
Me levanté de un salto en cuanto aflojaste la presión sobre mí… incorporándome airada y con el firme deseo de volver a la pataleta que tenía antes de que empezaras conmigo, cuando me di cuenta de que estabas cogiendo el cepillo. Tuviste que ver mi cara de miedo e indignación mezclados… sabes que es lo que menos soporto. Lo odio, te odio cuando haces eso… no me quedó más remedio que pasar a argumentar de todas las formas posibles, intentando convencerte de que aquello no era lo mejor dado el tono en el que habían quedado mis nalgas… te pedí que parases, pero fue inútil, mientras más sinceramente convencida estoy yo de que no quiero, más lo estás tu de que vas a hacerlo… ¿cuándo nos pondremos de acuerdo en esto? ¿no podrías hacerlo solo cuando a mí me apetece? No… ya sé que no. Es evidente.
Unos minutos después los dos sabíamos que mi fuerza y mi resistencia habían quedado ya vencidos y cuando me pediste que me tumbase sobre la cama, aún sabiendo lo que venía detrás no pude hacer más que obedecer sin decir nada, total ¿para que? El momento en el que escucho tu cinturón saliendo de su lugar es el más confuso que puedo vivir nunca… ¿Por qué esa humedad súbita entre mis piernas si se que lo que viene detrás no me va a gustar? o sí me gusta… y por eso mi cuerpo reacciona así… ojala pudiese entender eso.
Dijiste treinta, pero diez después me oías llorar agarrada a las sábanas y yo sabía que tenías que seguir, siempre llegas hasta el final, está claro que contigo no son solo amenazas… otros diez más y me escuchaste decirte bajito que parases, por favor… aún sabiendo que no lo ibas a hacer, tenía que pedírtelo…
Entonces… tu mano sobre mis nalgas, acariciándolas, bajando hasta mi sexo, cálido y húmedo y luego… tus caricias sobre mi cuerpo, mientras yo permanezco en la misma posición para que puedas verme bien, para que puedas acariciarme mientras oigo como te desnudas tras de mí, casi con urgencia pues rápidamente te siento excitado apoyando tu sexo endurecido sobre mis nalgas, que arden bajo tus caricias.
Sin que ninguno podamos evitarlo la pasión se desata en unos segundos, tu ya estabas muy excitado y notar la humedad en mi cuerpo termina de inflamarnos… ya no vas a parar. Entras en mí con urgencia, acariciando mi cuerpo lentamente al principio, aferrado a mí mientras más tiempo pasas adentrándote en lo más profundo de mí… ya solo se oye nuestra respiración, fuerte, agitada… la sensualidad de los gemidos, el calor de nuestros cuerpos al contacto uno del otro… y mientras más empujas tu cuerpo, mientras más acompasamos el ritmo de mi cuerpo y tus caderas… más me enloqueces y más te deseo… hasta que me llevas al límite y me ayudas a traspasarlo entre la fuerza de mis gemidos que te erotizan más mientras más excitada me sientes a mí… y me haces subir a lo más alto…
Mientras recupero el ritmo de mi respiración, me doy cuenta de que he subido yo sola… y tú te tumbas junto a mí excitado, mirándome como en unos segundos recupero todo el deseo y recorro tu cuerpo con mis labios. Los notas húmedos, jugando con tu cuerpo, me dices que es una pequeña tortura… pero que te gusta… y me notas bajar… lentamente, controlando ahora yo la situación y tu dejándote amar … inquieto pero entregado, mientras sigo bajando lentamente… hasta…
… solo hasta tu ombligo, donde juego a desesperarte a la vez que siendo como te excitas más por la espera, por el erotismo del juego … por lo que está ocurriendo entre nosotros … y sigo… bajando… lentamente… dejando que sientas la punta de mi lengua muy cerca … de… tu sexo.
Hasta que finalmente, siento toda la crispación de tu cuerpo y tomo conciencia de lo cerca que estás de alcanzar el máximo placer… y acaricio tu sexo con mis labios, firme, pero suave… hasta que también tu llegas a lo más alto junto a mí y tu semen escapa entre mis labios resbalando hasta mi pecho. Ya solo nos queda ese reposo tranquilo en el que caemos los dos después del sexo. No un sexo cualquiera, vainilla… no… una experiencia inolvidable… como no podía ser de otra forma después de haber comenzado todo con la lucha que me llevó a estar sobre tus rodillas.
Un cóctel explosivo... azotes, erotismo, sensualidad... un blog para los que viven una sexualidad diferénte... ¿te atreves?




Anonimo dijo
Que maravilloso..puede ser como sentirse el hombre de tu cuento!
BRAVA chica!
ONE FAN
20 Octubre 2006 | 10:45 AM