Confessions on a spank floor XX

Me fui antes para asegurarme de que todo estaba en orden y al entrar en la habitación observé algunas cosas, con mirada spankee, como corresponde a estos casos, objetos como el sofá. Una de mis fantasías ocurría sobre uno y pensé si tal vez... una silla, un sillón, los cojines sobre la cama... para redondear la escena, deposité mi cepillo de madera sobre el escritorio. De ninguna forma podría pasar desapercibido un detalle así para un spanker.
Los nervios se acentuaban cada vez más según se aproximaba el momento de vernos. No fue un encuentro entre desconocidos... solo el encuentro físico entre dos personas que se conocen ya lo suficiente como para haber dado ese paso.
Llegamos juntos a la habitación y por supuesto, hizo un comentario sobre el cepillo... nada directo pero elegantemente alusivo. Yo le dije que era "solo" para peinarme... como si ante semejante provocación hubiera estado ahí solo para eso. Hay cosas que no se dicen entre spanker y spankee... cosas que se intuyen, se perciben.
Ambos nos movíamos por la habitación, charlábamos, mirábamos por el balcón... debió percibir que en un momento mi cuerpo temblaba levemente, mezcla de nervios, emoción ... y miedo. Era una agitación extraña, que partía desde muy dentro de mí y me proporcionaba sensaciones muy fuertes.
No sabía cuando iba a ocurrir todo, ni como. Él supo hacer las cosas para sorprenderme. Ni siquiera recuerdo ni podría describir exactamente como ocurrió. Solo sé que ocurrió y que en una fracción de segundo yo estaba sobre sus rodillas, vestida y recibiendo nalgadas mientras me recordabas que mi comportamiento en los últimos días no había sido el más correcto (no debí contarte mis salidas de tono unos días antes de nuestro encuentro, pero lo había hecho).
Las primeras nalgadas que una recibe después de años pensando en una situción así, son sencillamente increíbles, deliciosas, mezcla de tensión y placer... algo hace que todos tu cuerpo perciba las cosas con más fuerza de lo habitual, las sensaciones a flor de piel, el corazón galopando mientras el dolor realmente solo comienza a atisbarse y es más fuerte la sensación de plenitud.
En ese momento, desapareció todo el miedo, toda la tensión... entregué completamente mi cuerpo y mi voluntad a la suya, sin que me supusiera un problema hacerlo. Me sentía feliz... era lo que había deseado, soñado y fantaseado durante años y ahora estaba ocurriendo... y me estaba ocurriendo a mí.
Decidió que aquello era poco para la gravedad del asunto y comenzó a subirme la falda para seguir dándome unos azotes... el tan esperado y temido momento se producía. Pero no me sentí mal por ello, al contrario, era lo que tenía que ocurrir y todo resultaba natural y placentero.
Casi más brusco fue cuando bajó también mis bragas y siguió nalgueándome sistemáticamente, sin mostrar ningún tipo de sentimiento puesto en la acción. Tal como siempre quise que fuera. En un momento determinado, comencé a arrepentirme de mi decisión, la sensación real es mucho más fuerte que en una fantasía. Después de unas cuantas nalgadas aplicadas con ganas las nalgas empiezan a picar más de lo esperado, pero él supo perfectamente cuando era el momento de parar.
Después, tumbada sobre la cama, con el cojín bajo el vientre, sin verle, sin saber que ocurría tras de mí... escuché el sonido tantas veces leído en otras descripciones del cinturón soltándose y pensé que no podía ser verdad, que aquello no lo habíamos hablado y que... nada más, porque ya estaba sobre mí.
El cinturón es extraño, nunca había pensado en que lo sentiría así sobre mí. Lo cierto es que él no se excedió en su uso y pude disfrutar de la experiencia gracias a su conocimiento y el gran control sobre la situación. Los pocos azotes recibidos así, suficientes para saber lo que era y tomarme en serio lo que estaba ocurriendo, no fueron sin embargo una experiencia desagradable.
Tampoco habíamos hablado nunca del rincón y sin embargo... me ví allí, como las chicas de tantas y tantas fotos, sintiendo el calor en las nalgas y el rubor en la cara, aunque eso él no lo veía. Fue mucho más duro el momento de verme frente al espejo, apenas pude mirar de reojo y solo porque él me lo pidió.
El momento más placentero fue cuando por fin sentí su abrazo mientras sostenía mi falda sobre mi cintura... y le abracé...y sentí que aquello era exactamente lo que soñé durante más de mil y una noches. Y sabía que era solo el principio...
Un cóctel explosivo... azotes, erotismo, sensualidad... un blog para los que viven una sexualidad diferénte... ¿te atreves?




KrisTina dijo
OOOOHHHHH!!!!! parece un sueño o un relato, pero es verdad ¿no? que bonita escena y que bonito como lo cuentas. Es muy valioso que seas capaz de compartir tu momento, llevaba dos dias intrigada con tu historia. Felicidades por haberla hecho real y que haya sido tan buena para ti, solo desearte que tengas más días como este y los disfrutes igual.
8 Noviembre 2006 | 10:41 AM