¿Donde está el spanker?

A veces, uno debe aprender a mirar a su alrededor. Percibimos las cosas desde una visión panorámica que nos descubre el conjunto y nos tapa los detalles… hasta que algo o alguien nos enseña a mirar de otra forma. Después de leer el magnífico y revelador artículo ¿Dónde está la spankee? empecé a mirar a los hombres de otra forma.
Comencé a buscar al potencial spanker en los detalles rutinarios, en los gestos, la imagen. Lo primero fue analizar que como es para mi un spanker, pues hablo solo de mi punto de vista, en espera de el de las demás y así me di cuenta de que el spanker tiene mil caras. Puede ser el hombre que lee el periódico distraídamente en la estación de metro mientras espera, el jefe autoritario que espeta a su secretaria con voz recia, el profesor que corrige con firmeza a sus alumnas, el policía que detiene el vehículo en el que viajamos para sancionarnos… el spanker está en cualquier sitio y desempeñar cualquier profesión.
Luego está la cuestión de la edad, he encontrado spanker jovencísimos que aseguran tener mucha experiencia, hombres de mediana edad y spanker maduros, que además suelen ser un clásico cuando tratamos de buscar una imagen común que les defina. Casi sería ese tipo irlandés, de gorra y bufanda a cuadros sobre chaleco de punto, que deja las manos en sus bolsillos mientras mantiene en la boca una humeante pipa y te mira desde lejos ladeando la cabeza, sopesando las palabras y los silencios que va a intercambiar con la spankee y finalmente la llama con una frase sacada de los grandes clásicos de la literatura spank y la conduce del brazo hasta el lugar apropiado para situarla en sus rodillas y darle unos azotes.
Pero eso ya sería el colmo de la ortodoxia, basada en mitos imposibles. Lo normal es que les encuentres en vaqueros y camiseta o en impecable traje ejecutivo de marca… así que la tarea de localizar a un spanker se complica…

Pasamos pues a observar sus manos y más que estas, los gestos que hacen con ellas y podemos ver por un lado hombres que acomodan sus manos en un lugar y las mantienen impasibles, otros que gesticulan incansablemente con ellas y los que sencillamente, las esconden bajo la mesa o en los bolsillos; esos para mi quedan eliminados, con la impresión de que un spanker siempre muestra sus manos. Supongo que la mayoría les buscamos a través de las manos, mirando su forma y tamaño, pero tampoco hay un standard que les unifique.
También está el tema de la voz, seca e imponente en algunos casos y dulce y complaciente en otros, con lo que tampoco es una pista. Las frases que pronuncian y como lo hacen si podrían serlo, pero normalmente no van por ahí profiriendo amenazas… bueno, una vez si que me dijo un spanker una frase que me hizo mirar a mi alrededor por si alguien la había escuchado también.

Hace unos días, sentada en una terraza me dediqué a mirar un grupo de hombres de distintas edades que conversaban alrededor de una mesa. Les observaba uno a uno examinando cada uno de sus detalles, comenzando por las manos, la expresión de sus caras, sus voces… iba descartando mentalmente a los que me parecía que no podían ser spanker, sin motivo aparente… y al final, llegué a la conclusión de que el spanker está en el mismo lugar que la spankee, dentro de nuestra imaginación, hechos a medida de nuestros sueños para que podamos romper con la imagen construida al conocer y ver cara a cara al hombre con el que finalmente nos decidimos a compartir unos buenos momentos de spank.
Un cóctel explosivo... azotes, erotismo, sensualidad... un blog para los que viven una sexualidad diferénte... ¿te atreves?




KrisTina dijo
Yo miro siempre las manos de los hombres, sobre todo cuando voy en el metro y tengo tiempo muerto para dedicarlo a mirar a mi alrededor, pero también miro mucho la boca de los hombres en general, no es que vaya a encontrar un spanker por la boca, pero es lo primero en lo que me fijo de ellos.
Una vez encontré un spanker por casualidad, pero fue mucho antes de decidirme yo misma a probar y si me pasara ahora tampoco le abordaría para hablar con él. Fue en una cafetería donde charlaban dos hombres y uno le dijo al otro: eso se arregla con un par de azotes y el otro le miró muy disgustado con la afirmación, vamos que me dio a mi por pensar que lo era, vete tu a saber.
17 Noviembre 2006 | 04:16 PM