Al otro lado de la cama.

Lo había imaginado muchas veces, había escrito sobre ello... naturalmente, me había documentado y pensado sobre el tema desde que tuve indicios de que realmente soy swich, pero no lo había experimentado.
Cuando había pensado seriamente en ello, había imaginado una sesión con una chica, pero tampoco he puesto mucho empeño en buscar la persona adecuada y tener un encuentro, pensaba que algún día surgiría y ya está, solo estaba preparada para asumirlo como lo que es.
Y surgió. Sin buscarlo, ni programarlo, sin hacer nada para que ocurriese y tampoco nada por evitarlo. Tan fácil, tan extraño, tan sencillo, como jugarse algo a los chinos. Pero surgió con un chico swich, como yo.
De pronto, sin saber como me vi en una situación increíble, donde por primera vez salía de mi ese otro lado que había estado ahí y no estaba segura de si era solo una fantasía, fruto de un cierto snobismo y si al final yo sería capaz de dar unos azotes.
Fue una situación extraña al principio, de indecisión por mi parte, unos minutos de dudas hasta estar segura de que quería y podía hacerlo, pero una vez lanzada, una vez que dije: "Ven aquí..." el juego había comenzado...
En primer lugar, que alguien venga y se tumbe en tus rodillas ya es toda una experiencia, algo que de pronto te otorga una responsabilidad sobre él y sobre la situación que hay que esta preparada para asumir. Lo había dicho anteriormente, pero la spankee recibe... en el más amplio sentido de la palabra. Recibe no solo unos azotes, sino la atención, la dedicación, la sensibilidad o falta de ella del spanker. Pero el spanker tiene una gran responsabilidad sobre todo lo que ocurre y cuando da de sí mismo/a.

La primera sensación es de una cierta ternura sobre la persona que se entrega a ti con esa confianza. Sabes que no puedes defraudar esa confianza que ha puesto en ti e intentas hacer lo mejor para ambos. Sabes también que debes castigarle, dentro o fuera de un cierto rol o interpretación, o como cada uno quiera llamar a la situación, pero se trata de un castigo y así debe ser llevado a cabo.
Y ahí es donde siguen los miedos, miedo a hacerle daño, a no cumplir sus expectativas, a quedarse corta... a irse de largo... aunque finalmente, observar, escuchar, analizar y hacer que el/la spankee disfrute se convierte en lo fundamental. Cada movimiento, gemido o queja debe ser interpretada convenientemente y actuar en consecuencia.
Rigidez, para no parar si te lo pide en un momento dado y no perder autoridad sobre el juego a la vez que suficiente control para no traspasar sus límites. Naturalmente, como en todo, el máximo disfrute necesita de un cierto conocimiento de ambos, pero ser swich tiene la ventaja de que al saber lo que se siente al otro lado, te anticipas a lo que puede desear el otro/a.
Finalmente, la sesión transcurrió completa y placentera, con gran dosis de imaginación, uso de implementos varios, regaños y cierta elocuencia que pusiera énfasis a la situación, haciéndola creíble y aumentando los propios recursos… el rincón, toda una serie de clásicos e innovaciones para buscar un equilibrio.
Al final, comentar las cosas que habían sido más y menos agradables, de forma que, desde este otro lado de la cama, he sido capaz de vivir y entender esa gran incógnita de saber que percibe, ve y siente un spanker completando en otra faceta este ciclo que se abrió un día... y que cada vez me reserva más sorpresas a cual más agradable.
Un cóctel explosivo... azotes, erotismo, sensualidad... un blog para los que viven una sexualidad diferénte... ¿te atreves?




gandalf dijo
Enhorabuena por tu decisión y por tu forma de escribirlo
19 Diciembre 2006 | 08:07 PM