Dentro de una sesión de spank, para que esta resulte satisfactoria, suelen intervenir una serie de factores que acompañan a los azotes en sí, haciendo que resulte mucho más excitante. Además de las posturas, que ya se han tratado ampliamente, que enriquecen sustancialmente un encuentro de este tipo y de los implementos de los que se ha hablado recientemente en el blog, está el rol que cada uno asume con mayor o menor grado de asimilación y que pueden ser el complemento ideal para llevar una sesión al máximo.

No se trata tampoco de presentarse de riguroso uniforme, aunque hay a quienes también les gusta contar con un atuendo apropiado como aderezo de la situación. Es más bien el rol psicológico, el que se ejecuta para dar paso al resto de la situación de una forma convincente.

Empezando por los roles clásicos... por supuesto, el más clásico entre ellos sería el de la estudiante o colegiala, con su uniforme escolar de falda a cuadros y camisa blanca, reprendida por el profesor o profesora que le regaña duramente por una falta escolar y tras llegar a la conclusión de que la alumna necesita un correctivo en toda regla, procede a este con toda celeridad, o sea, disciplina inglesa de la de toda la vida.

En este rol, no suele haber un contacto físico directo entre el spanker y la spankee, serían abusos deshonestos y esto está hoy muy mal visto... la alumna se coloca sobre el pupitre y sitúa su falda levantada sobre sus nalgas, dejando al descubierto las siempre clásicas braguitas blancas de algodón sobre las que el profesor comienza a administrar los primeros azotes, aunque posteriormente, ante la resistencia de la estudiante o lo grave de su falta, estas también se bajan dejando al descubierto las nalgas ya enrojecidas.

Otra versión muy académica además, es la de situar a la spankee cogiéndose los tobillos y también puede hacerse pidiéndole que situé las manos sobre una silla. Este rol es de los más ricos y variados, sobre todo en cuanto a posturas. Suele ejecutarse principalmente con cane o paddle... para que todo esté dentro de la ortodoxia de estos papeles.

Otro clásico donde los haya es la secretaria (recordaremos aquí la película del mismo nombre) castigada por sus repetidas faltas ya sean en el desarrollo de su trabajo, puntualidad u otras faltas que el jefe, hombre abnegado que necesita de una asistente eficiente y no consigue que esta lo sea, debe corregir antes de que su trabajo quede en entredicho su culpa.

Ella suele aparecer con las elegantes faldas tubo negras o en todo caso, de colores lisos y blusas que no inciten al jefe a la lujuria (algunas deberíamos tomar nota de esto) porque el jefe es humano y no puede pasar diariamente ante escotes provocadores y resistir impasible toda la jornada sin inmutarse. Al final, la secretaria comete un error y el jefe no tiene más remedio que enseñarle a hacer bien su trabajo.

Suele ejecutarse sobre la mesa del despacho, sin que en este caso tampoco se dé un contacto directo entre ambos (sería acoso laboral). La secretaria puede colocar el cuerpo sobre la mesa y situar la falda sobre la cintura, dejando al descubierto las correctísimas medias sujetas por liguero, para recibir el castigo bien sea con la mano directamente, que no debe acariciarla en ningún momento pues no sería ético, o con fusta, que queda muy ejecutivo también... A petición del jefe, la ropa interior también se retirará en su momento.

Otro juego sería el que se establece entre una paciente (o impaciente según sea el caso) y el doctor, que se ve obligado a administrar unos azotes en vista de que la enferma no acepta de buen grado su prescripción facultativa. Ella suele presentarse completamente desnuda o con un leve camisón hospitalario y él con la bata blanca, como debe ser. Como juego, admite algunas variantes que no son spank propiamente dicho, sino otro juego dentro de este.

Se trata del medical, donde pueden administrarse una serie de tratamientos para la pronta recuperación de la paciente, como pueden ser enemas o lo que el doctor considere adecuado, naturalmente la paciente se resiste y el doctor le da unos azotes hasta que consigue aplicar el tratamiento.

Encontramos también a la criada o asistenta, normalmente uniformada como dictan los cánones en esta materia, cuyas torpezas deben aguantar una y otra ver el señor o señora de la casa, hasta que colman su aguante y no tienen más remedio que llamarla, normalmente, no sé porque suele ocurrir en un salón ante la chimenea donde se le ordena a esta que suba su falda y baje la ropa interior y se la puede situar tanto en otk como sobre una mesa o con las manos sobre una silla. Aquí el contacto directo si está permitido, al fin y al cabo es alguien del servicio de casa y hay confianza... suele darse con la mano, birch, cinturón o aquello que estime oportuno el spanker. Dentro de esta escenificación es muy socorrido también el ambiente victoriano, aunque en este caso el castigo se lleva a cabo tanto con la criada como con la señora de la casa, que también tiene sus deslices y entramos con esto en una versión de disciplina doméstica.

Como Disciplina doméstica pura, el juego también es rico y variado, un clásico dentro del spank que cada vez gana más adeptos. Incluyo en este rol, tanto al ejecutado por parejas reales que deciden incorporar esta vertiente a su vida cotidiana y llevan a cabo el castigo de mutuo acuerdo, como el de aquellas parejas que solo lo son dentro del spank pero asumen este rol dentro de sus sesiones.

En esta, una vez establecidas unas normas, que por supuesto la esposa -spankee se salta repetidamente, se la castiga para ayudarla a ajustarse a estas, que por supuesto se han acordado por el bien de ella. Llegada normalmente la noche, tras la dura jornada, el marido- spanker, repasa las faltas cometidas y tras reprender a la spankee la sitúa tiernamente sobre sus rodillas y lleva a cabo una sesión, donde prima el contacto directo entre ambos, combinando posturas e implementos, ya que normalmente las faltas a castigar o son muchas o lo suficientemente graves como para justificar el prolongado castigo.

Comenzando con el OTK y dándole un descanso a la spankee, continúa el castigo con toda la serie de objetos cotidianos, empezando por el cinturón y siguiendo por el clásico cepillo de madera que siempre está por allí a mano, la paleta de cocina (la propia cocina es a veces otro lugar para el castigo) y concluyendo con lo que el spanker desee en esos momentos.

Cuando se trata de una pareja real, el juego suele ser más variado dadas las más abundantes y continuas situaciones que se dan a lo largo de la convivencia. Para las esporádicas, cuya práctica es menos continua el juego es un poco más restringido pero igualmente placentero.

Después hay otros roles que realmente son más fetichistas que otra cosa, como puede ser el que incluye los uniformes, en los que puede intervenir desde un militar, policía o similar a cualquier otra cosa que resulte excitante para cualquiera de quienes llevan a cabo la sesión. En este caso, ellas se decantan por las cheerleaders, chicas en el gimnasio, etc.

Hay otros, de los que no voy a comentar nada, porque no hay nada que me bajaría la libido hasta los tobillos más que un spanker que asumiera un papel paternal conmigo... a una niña mimada es mejor que la corrija su profesor o un amigo.

Y bueno... uno puede utilizar cuantas innovaciones desee al respecto, aplicando las de sus fantasías, que no tienen por qué ser iguales a las de los demás, en las que podría incluir una de la cual hablé en una Confessions en mi blog, como es la de Carmen la cigarrera, que una vez apresada por el capitán es castigada por este para corregir su temperamento y hacer de ella una mujer menos dada a las riñas callejeras. Por cierto, cuando lo escribí no lo sabía, pero hay una versión de la película Carmen, de 1.927 que se llama “Lover of Carmen” donde esta es azotada... aunque no por el sargento, pero resulta igualmente excitante dado el fuerte carácter de la protagonista.

Y más roles... seguro que cada uno tiene el suyo propio, su particular fantasía y sus personajes más o menos elaborados para llevar a cabo una sesión “creíble”. Al final lo importante es que resulte igualmente excitante para ambos miembros de la pareja, que se diviertan y disfruten con esto. No se trata de realizar siempre una sesión con todo preparado al milímetro, sino de comentar los distintos roles, cuya ejecución puede ser meramente ficticia adoptando el rol sin tantos requisitos, solamente el deseo de “jugar”.

Todas estas tienen algo en común, excepto que se haya pactado previamente su exclusión y es que a la alumna, secretaria, paciente, criada, esposa... niña mimada, joven rebelde o cualquier otro tipo de spankee al final se las consuela, al fin y al cabo... es lo más esperado del juego ¿no?.

(Publicado con anterioridad en Azotes y Nalgadas)