Sola no puedo...
De entre mis primeros artículos, escribí uno sobre el spanking virtual, justo para mí todo esto era todo un mundo por descubrir. Me sentí capaz de analizar la situación o situaciones que pueden motivar elegir ese tipo de relación virtual, pero no de mantener una y mucho menos, llevar al plano físico la cuestión de los azotes en solitario.
Visto de forma analítica no tendría por qué ser distinto a una masturbación y naturalmente, me masturbo sin problemas. Entonces ¿por qué no puedo sola? porque no es exactamente igual que masturbarse. Para esto, solo necesitas visualizar una escena, construirla en tu mente o rememorar una que has vivido, deslizar los dedos por tu sexo y como perfecta conocedora de tu propio organismo, llegar a la complacencia más absoluta y eficaz.
Sin embargo, incluso en momentos en los que el ánimo me dice que lo que necesito realmente son unos azotes, sentir en mis nalgas el calor y verlas rojas, transmitiéndome ese dolor-placer que tanto me gusta, no puedo hacerlo en solitario.
No fui capaz de hacerlo cuando aún no sabía lo que eran unos azotes en la realidad y fantaseé con ellos, con la sensación que producirían y con la reacción que provocarían (asombrosamente acertadas con lo que luego percibí al hacerlo real) mucho antes de adentrarme en todo esto y sin embargo, ni una sola vez fui capaz de descargar mi mano contra mí misma y mucho menos cualquier tipo de im
plemento sobre mis nalgas.
No era miedo al dolor, ni siquiera a no ser capaz de dar lo suficientemente fuerte como para llegar a ese buscado placer. De hecho, no es el dolor en sí mismo lo que yo amo del spanking, sino el todo, la situación, la escena… la preparación, las posturas, el erotismo del ambiente… la voz del spanker, su tacto en mi piel. Por eso, nunca ha tenido sentido para mí, hacer sola algo que en sí mismo me hacía prescindir de todos los placeres que intuía y ahora conozco dentro del arte de la azotaina.
Supongo que esto contesta también a las preguntas que un día me hizo Mariliendre, lo que me gusta no es el dolor, es todo lo que lo envuelve. De hecho, cuando el spanker lleva unos minutos azotándome sobre sus rodillas mi cerebro no me está devolviendo estímulos dolorosos sino que mi cuerpo da respuestas de placer, humedeciéndome, haciéndome gemir entre los sollozos… entre las frases que le digo al spanker de forma instintiva, sin haber preparado nada, tal como salen de mi mente.
Por eso, no puedo azotarme a mí misma, no puedo recurrir a ese self-spanking que puede resultar tan natural como una masturbación, no por miedo al dolor, sino por miedo a la ausencia de placer… porque para mí, sentirme poseída, dirigida, manejada… escuchar su voz diciendo “No voy a castigarte por nada, voy a azotarte solo para mi placer, para hacerte mía y te voy a azotar hasta escucharte llorar”… es algo, que me provoca una descarga de adrenalina tan intensa que prepara mi cuerpo para sentir los azotes y disfrutarlos.
Mirar de reojo y ver como se quita, dobla y mueve en el aire el cinturón ya me hace temblar todo mi cuerpo… escuchar como mueve un determinado implemento en el aire, sentir como toca mi pelo, recoloca mi cuerpo para tener un ángulo más adecuado… y por último sentir como se coloca detrás de mí y al rozarme, noto su sexo inflamado rozando mis nalgas, aún prisionero antes de desnudarse para terminar de poseerme por completo… sentir sus manos aferrando con fuerza mis caderas antes de desatar las mías y hacerme sentirme realmente suya.
Todo eso, por mucho que lo intente, no puedo sentirlo tumbada, cerrando los ojos y construyendo o rememorando una escena vivida en la realidad antes de que mis manos impacten contra mis propias nalgas. Por eso, cuando los retazos vuelan a mi memoria, cuando siento de pronto algo que me da la vuelta por dentro, que me hace gemir mientras mi mente vuelve a momentos pasados, prefiero tumbarme, cerrar los ojos y pasar mis dedos por mi sexo para acabar gritando su nombre, pero los azotes… los dejo para cuando él esté a mi lado.
Un cóctel explosivo... azotes, erotismo, sensualidad... un blog para los que viven una sexualidad diferénte... ¿te atreves?








Gandalf dijo
Los azotes, tu lo sabes, son mucho más que dar un golpe en una determinada zona y esperar una sensación, por eso es tan dificil hacerlo sola.
Hay muchísimas más sensaciones que hacen especial este acto, la más importante creo es la cercanía, la compañía de alguien que también participa y por quien será necesario sentir algo, al menos cierta complicidad, amistad, cariño o amor. Cada quien sabrá lo que necesita pero en todo caso, si no se produce eso... creo que esto es un baile para dos, nada nos impide bailar solos pero estoy seguro que las sensaciones no son las mismas. Para mí al menos no tiene sentido hacerlo en solitario, quizá porque en sí mismos los azotes no sean lo más importante de todo.
Vaya.. debo ser más raro de lo que pensaba.. si los azotes no son lo más importante... ¿qué es entonces?
Besos.
31 Mayo 2007 | 04:44 PM