El hábito no hace a la spankee...

Es un tema socorrido y muy tratado, ya lo sé... pero me apetece volver a hablar de esto desde otro de sus posibles puntos de vista. El del hábito, como parte de la escenografía que envuelve al encuentro entre spanker y spankee.
Ya he contado en post anteriores que me adapto muy bien a los gustos del spanker y procuro llevar algo que sepa que a él le va a gustar. Si se trata de lencería voy muy a gusto con ella y si se trata de las típicas braguitas blancas de algodón, pues tanto mejor...
Y digo tanto mejor porque, en el fondo, aunque creo que me pondría cualquier cosa que le guste a él para "aderezar" el encuentro, la primera prenda que identifiqué en mi iconografía particular fueron precisamente de ese tipo.
Han constituido para mí y siguen constituyendo la representación tangible y visualizable del recuerdo imborrable de una sesión y aunque empiezo a parecerme un poco a cierto futbolista que nunca usa dos veces la misma ropa interior, me deshago de ellas una vez usadas un par de veces (ahora las venden en paquetes de diez en cualquier gran superficie) pero cada vez que doblo y guardo unas en el cajón me traen a la mente momentos realmente maravillosos, en las que han sido llevadas lo mismo bajo una falda de gasa y un top que bajo un uniforme escolar... porque el hábito no hace a la spankee, sino que su esencia está hecha de muchos detalles más o menos propios o "importados" y al final nos sentimos spankees no solo porque sabemos que lo somos sino porque buscamos detalles que nos lo recuerden a nosotras mismas y lo indiquen de forma externa solo para quienes conocen ciertos códigos.
Dentro de esa cultualización de este tipo de ropa interior aparentemente tan sencilla y casi infantil el mágico momento del que han hablado tantos spankers, como es aquel en el que tras unas primeras nalgadas sobre la ropa, se deslizan justo donde terminan las nalgas para seguir dando unos azotes sobre la piel ya desnuda, marcando el momento donde la unión spanker-spankee es más intensa. En ese momento, dejo incluso de respirar unos segundos, completamente concentrada en lo que está ocurriendo entre ambos e intento vivir toda la magia del instante.
Sin embargo, tengo que reconocer que no llevar un atuendo "para la ocasión" y ser sorprendida y puesta en las rodillas tiene también cierto aliciente que lo hace como más casero, más de pareja o más natural... no sé, pero llegar de la calle juntos, sin haber pensado en qué debería llevar puesto y ser nalgueada sobre el pantalón, sin haberme dado lugar a buscar algo más "apropiado" para el momento es la otra cara de la misma moneda, pero con el mismo morbo y la misma sensualidad pero sin conservantes ni colorantes...
Un cóctel explosivo... azotes, erotismo, sensualidad... un blog para los que viven una sexualidad diferénte... ¿te atreves?





Doc dijo
Hay.... Cuando se guardan y cuando se sacan del cajón. La mente vuela hacia el infinito. Hacia el azul. Hacia el recuerdo. ¿Hacia donde?
Y cruzan por la mente momentos e imagenes grabadas para siempre
Ummmmmmmmmm.
Preciosa reflexion Selene
Besos
Doc
5 Junio 2007 | 06:31 PM