La otra cara de la luna (XI): Así...
Toda la excitación que sentimos al comienzo de una sesión o encuentro entre un spanker y su spankee. Todo lo que nos inunda durante ésta, desde el primer azote que nos inyecta una fuerte dosis de adrenalina y otras muchas sustáncias en el cuerpo, hasta el final, cuando sentimos que la excitación ha llegado a su punto máximo y el deseo de culminar con sexo es mucho mayor que el de seguir adelante con el juego que posiblemente, a esas alturas ha dado ya mucho de sí.
Cada segundo, cada pequeña escena dentro del juego, todo se hace cada vez más intenso, la primera vez que nos envían al rincón y mirando a la pared, lejos de reflexionar sobre el motivo que nos ha llevado a él, nos hace pensar que en ese momento él está detrás de nosotras, mirándo las nalgas enrojecidas y nuestra aceptación casi sumisa de ese "castigo" que nos mantiene frente a la pared, pensando en lo excitante que resulta que él te haya ordenado que te pongas ahí y saber que eres observada durante ese tiempo, quizás un movimiento desencadene más azotes, así, mientras estás esperando que él te indique que puedes moverte de ahí.
Y luego, más azotes, más sensaciones a flor de piel, un calor que nace de las nalgas pero se expande por el resto del cuerpo. Mi excitación es evidente, basta pasar los dedos poco a poco por mi sexo y comprobar que estoy gozando cada movimiento que hace, cada nalgada, cada beso sobre mis hombros o mi cuello, cada pequeño mordisco que recuerda el cortejo entre fieras mucho más salvajes que nosotros mismos y que al igual que en éste está destinado a indicarme quien controla la situación.
Finalmente, sentir que sí es él quien la ha controlado, que yo perdí la capacidad de decisión sobre lo que iba a ocurrir cuando el primer azote cayó sobre mis nalgas, sentir que él decide cuando, cuanto, como, donde... hasta donde,que no vale gemir, ni llorar, ni renegar, quejarme o decir que no voy a volver a hacerlo más, porque al final, las nalgadas cesarán cuando él lo decida, porque he llegado a confiar tanto que ambos sabemos que no habrá una situación de riesgo, que habrá unos límites no pactados, no hablados, no escritos...
Hasta que la excitación que he notado crecer entre sus piernas cada vez que el roce de mi cuerpo, tendido sobre sus rodillas me dejaba sentirlo, le haga tomarme así... con las nalgas elevadas y las manos abiertas sobre las sábanas, húmeda, llena de deseo, con las nalgas calientes que él puede sentir cada vez que empuja con sus caderas para adentrarse más y más en mí, entregada y simbólicamente vencida, porque es así como me siento cuando me toma ... así, tan suya.
Un cóctel explosivo... azotes, erotismo, sensualidad... un blog para los que viven una sexualidad diferénte... ¿te atreves?





j dijo
Qué gusto da verte tan activa cuando todo el mundo está pensando en marcharse a no sé donde.
Y qué estupendo enlace entre el enlace y la posesión por detrás con tan foto exquisita como ilustración.
Dado que el curso escolar se acaba tengo que decirte que has llegado más en forma que nadie al final. Y que me has hecho pasar unos ratos estupendos compartiendo ese interesante e imaginativo protocolo sexual de los azotes.
Un beso
j
14 Julio 2007 | 11:59 PM