Cosas de Casa (XIV): Del dicho al hecho...
Espero no ser azotada nunca tal como me veo a mí misma en mis fantasías más extremas, esas que sólo aparecen después de unos días sin sexo, cuando la excitación se hace demasiado insoportable y la mente empieza a buscar entre las escenas registradas para los momentos "de apuro"...
Y me viene a la mente una frase de Almudena Grandes en Las edades de Lulú cuando la protagonista está en una especie de sesión multitudinaria de BDSM y dice "Alguien me lo había contado, hacía muchos años, y me había parecido un chiste muy malo, sólo duelen los treinta primeros... " No sé si esta escritora que rebosa tanto morbo en su libro e incluso en su forma de concebir la vida ha probado alguna vez los azotes pero es así.
Sencillamente estaba boca abajo, sobre la cama deshecha con él sentado acomodándose para poder mantener la postura en la que podía ser una buena sesión de azotes y me dio por acordarme de ese fragmento del libro sencillamente porque es así... los treinta primeros te hacen replantearte si eres realmente spankee... Siempre me ocurre así. No puedo evitar poner la mano en medio al principio de cada azotaina, no puedo controlar lo que siento y se juntan en mi mente demasiados estímulos. Duelen...
Sin embargo, un momento después el calor, las caricias, la humedad... y ya no percibes el dolor sino el placer y aunque el ritmo y la fuerza aumentan hace que me sienta cada vez mejor. Noto lo calientes que están mis nalgas y quisiera verlas, que él me mandase con voz recia frente al espejo diciendo algo así como "Ve y mira como te estoy poniendo las nalgas por... " . La mente fantasea incluso dentro de una fantasía que se está haciendo realidad en esos momentos... y va por delante y pienso en mis chanclas y cuanto me gustaría que las cogiera y me azotara con ellas... o que me pida el cepillo de madera.
Pero ahora, cada vez controla él más las sesiones y decide qué utilizar y cuantos azotes me va a dar... y me hace contarlos y se excita con los espasmos de mi cuerpo que se contrae bajo su cinturón mientras cuento... uno, dos... tres... cuatro... y sigo contando y cada vez, misterios de la naturaleza, duele menos... y quiero más... y más...
Menos mal que al final el deseo nos hace sucumbir a los dos, porque aún no conozco mis límites reales y el placer aumenta exponencialmente y sólo tras el orgasmo con mis gritos reprimidos mordiendo las sábanas nos relajamos y tras recuperar el aliento dejamos enfriar nuestros cuerpos bajo el agua de la ducha.
Un cóctel explosivo... azotes, erotismo, sensualidad... un blog para los que viven una sexualidad diferénte... ¿te atreves?





Cometospk dijo
Oh my God! Cuanta lujuria en tan pocas líneas querida. Me has recordado la escena en la que Lulú participa de la sesión sadomaso al final del libro, y como no la referencia en las primeras páginas, "Le pegaba llamarse Lester, nombre de colegial británico, martirizado por la perversa vara de un maestro enjuto de levita raída" (creo que era mas o menos así).
Yo creo que el límite debe estar en el daño físico mas allá de las marcas, o sea, cuando esas marcas son sinónimo de destrucción de tejidos, capilares no recuperables, aunque es difícil estando en materia tener la mente fría para pedir el fin en el caso de la spankee; o bien, en el caso del spanker, saber en que punto la azotaina puede traer consecuencias nocivas para la salud de tan bella parte de la no menos bella anatomía femenina.
Dicen que la realidad es producto de los límites que ponemos a nuestra imaginación, pero a veces, la imaginación nos hace transitar por senderos peliagudos.
Me ha encantado el post, por si no se ha notado ;)
4 Marzo 2008 | 02:45 PM