Me decía un Amo hace poco que la feminización era lo último, lo más degradante que se podía hacer a un hombre para humillarlo. No tuve más remedio que mostrar mi desacuerdo. A veces, cuando ese hombre desea sentirse una hembra, no una mujer, no... una vez feminizados son hembras, es algo verdaderamente maravilloso.

Es cierto que en algunos hombres, el intento de feminización puede parecer grotesco pero cuando el sumiso disfruta de esta práctica, él mismo cuida su aspecto físico de forma que siempre está completamente depilado, se nos muestra suave, delicado, femenino. Viene a nosotras preparado para disfrutar de la feminización como de cualquier otro juego. Luego, está en nuestras manos sacar todo el partido de esa posibilidad de transformar a un hombre en una puta, en una criada, en una esclava, en nuestra perra. Pero no vale cualquier sumiso a no ser que queramos usarlo como castigo y humillación. Para que el disfrute sea biliateral y se trasmita algo, para que salte la chispa, tienen que ser sumisos con unas fantasías determinadas.

Sobre la feminización tengo que decir que a mí personalmente no me produce placer en sí misma. Como en el resto de prácticas, es la excitación del sumiso lo que me trasmite sensaciones.

La primera vez que me interesé por el tema de la feminización fue al leer "El amante lesbiano" y a partir de ahí, mis experiencias han ido desde la confusión que sentía arfan{MLS} al haber sido feminizado en sus primeras experiencias y de ahí, dedujo (erróneamente) que a todas las Amas nos gustaba esa práctica, hasta el placer de compartir los momentos durante los que otro chico se travestía dando vida a una espectacular chica. Toda la ceremonia, el maquillaje, ver cómo se vestía, cómo se ponía las medias o el rímel, todo era excitante en sí mismo.

Como práctica, me niego a utilizarla por sistema ya que para mí, el respeto por el sexo y el género en el que nos sentimos identificados tiene que ir por encima de todo y no creo que deba humillarse a alguien vistiéndolo de mujer ya que ser mujer no puede ser humillante en sí mismo. Y como castigo tampoco está entre lo que yo considero que pueda ayudar a reforzar el aprendizaje de un sumiso, luego, pierde en sí toda la utilidad que pudiera tener como tal.

Por tanto, para mí, lo único que justifica la feminización es la posibilidad de compartir un juego, de que la persona que se feminiza o se traviste se sienta especialmente bien haciéndolo, se excite, se identifique y me haga sentirme a mí bien mirándola, disfrutándola... sintiéndola. Pero jamás como humillación y/o castigo.